Español — Perojo (1883): Sección primera. Del espacio — §§ 2, 3 y consecuencias

Traducción de José del Perojo, Madrid, Gaspar, 1883, t. I, págs. 189–197. Transcrito del facsímil (Internet Archive), ortografía de 1883. Dominio público. Notas del traductor omitidas. Fuente

Mediante el sentido externo (propiedad de nuestro espíritu) nos representamos objetos exteriores á nosotros y como reunidos en el Espacio.En el Espacio, pues, están determinadas ó son determinables la figura, tamaño y relaciones respectivas de tales objetos.El sentido interno, por medio del cual el espíritu se contempla á sí mismo ó sus estados interiores, no nos da en verdad ninguna intuicion del alma misma como objeto; pero es, sin embargo, una forma determinada, bajo la que sólo es posible la intuicion de su estado interno; de tal modo que todo lo que pertenece á determinaciones interiores es representado en relaciones de Tiempo.Así como el Tiempo no puede ser percibido exteriormente, tampoco el Espacio es susceptible de ser considerado como algo interior en nosotros.¿Qué son, pues, Tiempo y Espacio?¿Son séres reales?¿Son solamente determinaciones ó relaciones de las cosas, que, sin embargo, pertenecerian tambien á las cosas en sí, aunque no fueran percibidas?¿O son de tal naturaleza que sólo pertenecen á la forma de la intuicion, y, por consiguiente, á la cualidad subjetiva de nuestro espíritu, sin la cual estos predicados no podrian nunca ser atribuidos á cosa alguna?Para obtener una respuesta expondremos primeramente el concepto de Espacio.Yo entiendo por exposicion la clara representacion (aunque no sea extensa) de lo que pertenece á un concepto; la exposicion es metafísica cuando contiene lo que el concepto presenta como dado á priori.

1.) El Espacio no es un concepto empírico derivado de experiencias externas, porque, para que ciertas sensaciones se refieran á alguna cosa fuera de mí (es decir, á algo que se encuentra en otro lugar del Espacio que en el que yo me hallo) y para que yo pueda representarme las cosas como exteriores y juntas las unas con las otras, y, por consiguiente, no sólo diferentes, sino tambien en diferentes lugares, debe existir ya en principio la representacion del Espacio.De aquí se infiere que la representacion del Espacio no puede ser adquirida por la experiencia de las relaciones del fenómeno externo, sino que, al contrario, dicha experiencia externa sólo es posible por esta representacion.

2.) El Espacio es una representacion necesaria á priori, que sirve de fundamento á todas las intuiciones externas.Es imposible concebir que no existe Espacio, aunque se le puede pensar sin que contenga objeto alguno.Se considerará, pues, al Espacio como la condicion de posibilidad de los fenómenos y no como una determinacion dependiente de ellos: es una representacion á priori, fundamento necesario de los fenómenos externos.

3.) El Espacio no es ningun concepto discursivo, ó como se dice, un concepto general de las relaciones de las cosas, sino una intuicion pura.En efecto, no puede representarse más que un sólo Espacio, y cuando se habla de muchos, se entiende sólo en ellos las partes de un mismo y único Espacio.Estas partes sólo se conciben en el Espacio uno y omnicomprensivo, sin que le puedan preceder cual si fueran sus elementos (cuya composicion fuera posible en un todo).El Espacio es esencialmente uno; la variedad que en él hallamos, y, por consiguiente, el concepto universal de Espacio en general, se fundan únicamente en limitaciones.De aquí se sigue que lo que sirve de base á todos los conceptos que tenemos del Espacio es una intuicion á priori (que no es empírica).Lo mismo acontece con los principios geométricos, como cuando decimos, por ejemplo: juntas las dos partes de un triángulo son más grandes que la tercera, cuya certeza apodíctica no procede de los conceptos generales de línea y triángulo, sino de una intuicion á priori.

4.° El Espacio es representado como un quantum infinito dado.Es necesario considerar todo concepto como una representacion contenida en una multitud infinita de representaciones distintas (de las cuales es espresion comun); pero ningun concepto como tal, contiene en sí una multitud infinita de representaciones.Sin embargo, así concebimos el Espacio (pues todas sus partes coexisten en el infinito).La primitiva representacion del Espacio es, pues, una intuicion á priori y no un concepto.

Entiendo por exposicion trascendental, la esplicacion de un concepto, como principio que puede mostrar la posibilidad de otros conocimientos sintéticos á priori.Para ello se supone, 1.° que realmente emanen del concepto dado tales conocimientos; 2.° que estos conocimientos son sólo posibles por la explicacion de este concepto.La Geometría es una ciencia que determina sintéticamente, y, sin embargo á priori, las propiedades del Espacio.¿Qué debe, pues, ser la representacion del Espacio para que tal conocimiento sea posible?Debe ser primeramente, una intuicion; puesto que de un simple concepto, no pueden resultar proposiciones que sobrepasan los límites del mismo concepto, que es lo que, sin embargo, ocurre en la Geometría (Introduccion V). Mas esta intuicion debe hallarse en nosotros á priori, es decir, ántes de toda percepcion de un objeto; debiendo ser, por consiguiente, una intuicion pura y no empírica.Porque todas las proposiciones geométricas son apodícticas, es decir, implican la conciencia de su necesidad; como, por ejemplo: el Espacio no tiene más que tres dimensiones.Semejantes principios no pueden ser empíricos, ni juicios experimentales, ni derivados de la Experiencia (Introduccion II).¿Cómo se halla, pues, en el espíritu una intuicion externa anterior á los mismos objetos y en la cual el concepto de estos objetos puede ser determinado á priori?Evidentemente sólo en tanto que ella está en el sujeto como su propiedad formal ser de afectado por los objetos, y de recibir así la representacion inmediata de los mismos, es decir, la intuicion, por consiguiente, como forma del sentido exterior en general.Solamente nuestra explicacion hace, pues, comprensible la posibilidad de la Geometría como un conocimiento sintético á priori.Toda explicacion que no nos dé cuenta de esto, por más que tenga en apariencia gran semejanza con la nuestra, puede ser siempre distinguida por esa segurísima señal.

(a) El Espacio no representa ninguna propiedad de las cosas, ya se las considere en sí mismas, ó en sus relaciones entre sí, es decir, ninguna determinacion que dependa de los objetos mismos y que permanezca en ellos si se hace abstraccion de todas las condiciones subjetivas de la intuicion; porque ni las determinaciones absolutas, ni las relativas pueden ser percibidas antes de la existencia de las cosas á que pertenecen, y por consiguiente á priori.

(b) El Espacio no es más que la forma de los fenómenos de los sentidos externos, es decir, la única condicion subjetiva de la sensibilidad, mediante la que nos es posible la intuicion externa.Y como la propiedad del sujeto de ser afectado por las cosas precede necesariamente á todas las intuiciones de ellas, se comprende fácilmente que la forma de todos los fenómenos puede hallarse dada en el espíritu ántes de toda percepcion real y, por consiguiente, á priori.Pero como además tiene la cualidad de ser intuicion pura, en la que todos los objetos deben ser determinados, puede contener, ántes de toda experiencia, los principios de sus relaciones.No podemos, pues, hablar de Espacio, de séres extensos, etc., nada más que desde el punto de vista del hombre.Nada significa la representacion del Espacio, si salimos de la condicion subjetiva, bajo la que únicamente podemos recibir la intuicion externa, es decir, ser afectados por los objetos.Este predicado sólo conviene á las cosas, en tanto que nos aparecen, es decir, que son objetos de la sensibilidad.La forma constante de esta receptibidad, que llamamos sensibilidad, es la condicion necesaria de todas las relaciones, las cuales percibimos los objetos como exteriores á nosotros; y si dicha forma se abstrae de los objetos, es una intuicion pura la que toma el nombre de Espacio.Como las condiciones particulares de la sensibilidad no son las condiciones de la posibilidad de las cosas mismas, sino solamente las de sus fenómenos, bien podemos decir que el Espacio comprende todas las cosas que nos aparecen exteriormente; pero no todas las cosas en sí mismas, puedan ó no ser percibidas y sea el que quiera el sujeto que las perciba; pues de ningun modo nos es posible juzgar las intuiciones de los otros séres pensantes, ni saber si se hallan sujetas á las mismas condiciones que limitan nuestras intuiciones, y que tienen para nosotros un valor universal.Si añadimos al concepto del sujeto la restriccion de un juicio, el juicio es entónces incondicionado.La proposicion: «Todas las cosas están juxtapuestas en el Espacio;» vale bajo esta restriccion: si estas cosas son tomadas como objetos de nuestra intuicion sensible.Si yo añado aquí la condicion al concepto y digo: Todas las cosas, como fenómenos externos, están juxtapuestas en el Espacio; vale entónces esta regla universalmente y sin restriccion alguna.Muestra, pues, nuestra exposicion la realidad (es decir, el valor objetivo del Espacio en relacion con todo aquello que puede presentársenos exteriormente como objeto; pero al mismo tiempo tambien, la idealidad del Espacio en relacion á las cosas consideradas en sí mismas por la Razon, es decir, sin atender á la naturaleza de nuestra sensibilidad.Afirmamos, pues, la realidad empírica del Espacio en relacion á toda experiencia externa posible; pero reconocemos tambien la idealidad trascendental del mismo, es decir, su no existencia, desde el momento en que abandonamos las condiciones de posibilidad de toda experiencia y le creemos algo que sirve de fundamento á las cosas en sí.Además, exceptuando el Espacio, no existe representacion alguna subjetiva referente á algo exterior que pueda llamarse objetiva á priori, porque de ninguna de ellas pueden derivarse proposiciones sintéticas á priori, como sucede con la intuicion del Espacio (§.3). Ninguna idealidad, para hablar exactamente, les pertenece, aunque conformen con la representacion del Espacio en depender únicamente de la naturaleza subjetiva sentido, como por ejemplo: del oido, de la vista, del tacto, por las sensaciones de sonido, color y calor; pero estas sensaciones no son susceptibles de dar á conocer á priori las cosas en sí mismas, porque son simples sensaciones y no intuiciones.Esta observacion sólo tiene por objeto evitar que se explique la idealidad afirmada del Espacio por comparaciones insuficientes, como por el color, sabor, etc., todo lo cual es considerado con razon, no como cualidades de las cosas, sino solamente como modificaciones subjetivas que pueden variar de individuo á individuo.En este caso, lo que en su orígen es un simple fenómeno, por ejemplo: una rosa, vale en el sentido empírico como una cosa en sí, que puede, sin embargo, aparecer á cada ojo de una manera diferente en color.Al contrario, el concepto trascendental de los fenómenos en el Espacio nos sugiere la observacion crítica de que nada de lo que es percibido en el Espacio es una cosa en sí, y que tampoco es el Espacio una forma de las cosas consideradas en sí mismas, sino que las cosas que nos son desconocidas en sí mismas que llamamos objetos externos son simples representaciones de nuestra sensibilidad, cuya forma es el Espacio, pero cuyo verdadero correlativo, esto es, la cosa en sí nos es totalmente desconocida, y lo será siempre por ese medio; mas por ella no se pregunta nunca en la Experiencia.