Mire a su alrededor. Todo lo que puede ver está en algún sitio: allí, detrás de aquello, un poco a la izquierda. Ahora haga un pequeño experimento. Vacíe la habitación. Vacíe el edificio, la ciudad, el cielo. Quite todos los objetos del universo.
¿Puede hacer que también desaparezca el espacio?
La mayoría de la gente descubre que no puede. Usted puede imaginar el espacio sin nada dentro. No puede imaginar que no haya ninguno. Kant lo dice en una sola línea: «Nunca podemos representarnos que no haya espacio, aunque podemos muy bien pensar que no se encuentren en él objetos».
La última vez dejamos a Kant a mitad de una promesa. Había descompuesto la experiencia en sus partes y había dicho que había dos formas puras que lo sostenían todo. Aquí está la primera de ellas. En 1781 había dos respuestas respetables a la pregunta ¿qué es el espacio? Un bando decía que era una cosa real, un inmenso recipiente que seguiría ahí aunque se apagaran todas las estrellas. El otro, siguiendo a Leibniz, decía que no era nada aparte de las relaciones entre las cosas: esto a la izquierda de aquello, aquello más lejos que esto. Kant pensaba que ambos estaban equivocados, y que el pequeño fallo de imaginación que usted acaba de tener es el punto de partida. No lo trata como una rareza de su mente. Lo trata como una prueba de lo que el espacio es en realidad.
Esta es la conclusión que extrae, dicha sin rodeos antes de que nos la hayamos ganado: el espacio no es algo que usted encuentre en el mundo. Es algo que usted aporta a él. El resto de este texto es el argumento.
Este es el movimiento que hace el trabajo, y es más fácil de lo que parece.
Piense en la palabra silla. Hay millones de sillas, y la palabra las abarca a todas. Cada una es una instancia que cae bajo la palabra. Eso es lo que hace una idea general: se sitúa por encima de sus ejemplos y los reúne.
Ahora piense en el espacio. Cuando habla de «el espacio de esta habitación» y de «el espacio de la habitación de al lado», no está nombrando dos instancias de una cosa general. Está señalando dos regiones dentro de un único espacio, recortadas de él, como dos figuras cortadas de la misma hoja. Solo hay uno, siempre.
Ejemplo: la palabra y la hoja
Una palabra es un contenedor de ejemplos: las sillas caen bajo «silla», y siempre se puede añadir otra más.
Una hoja de papel es un contenedor de partes: cada figura que usted recorta se saca de la única hoja, y la hoja estaba primero.
La tesis de Kant es que el espacio se comporta como la hoja, no como la palabra. Y nada que se comporte como la hoja puede ser una idea general que hayamos aprendido fijándonos en las cosas. Tiene que ser algo que aportamos nosotros.
Kant tenía una prueba más afilada, y usted puede hacerla con lo que lleva puesto. Tome un par de guantes. Mida el izquierdo: cada longitud, cada ángulo, cada curva. Ahora mida el derecho. Las cifras salen iguales, y podría escribir una descripción de uno que encajara con el otro palabra por palabra. Y, aun así, el guante izquierdo no le entrará en la mano derecha. Kant utilizó exactamente este ejemplo dos años después de la Crítica, en los Prolegómenos, y extrajo la lección de que ningún concepto, por detallado que sea, puede captar la diferencia. Esta solo aparece cuando se sitúan los dos guantes en el espacio, como partes de un único todo: la izquierda y la derecha solo tienen sentido dentro de él.
La misma lección vale para dos cajas idénticas. Kant señala que la idea de un pie cúbico es «enteramente una y la misma» por muchas veces que se piense y, sin embargo, dos pies cúbicos son dos, «por la mera diferencia de sus lugares». La diferencia no está en la idea. Está en el espacio.
Eso es todo el §2, en cuatro argumentos. Dos de ellos muestran que el espacio viene antes de la experiencia y no de ella: ni siquiera puede usted ver algo como «allí» si no tiene ya un «allí». Los otros dos muestran que es un único todo dado y no una idea general. En conjunto: el espacio no es un concepto que usted haya adquirido. Es la condición permanente bajo la cual cualquier cosa puede presentarse como estando en algún lugar.
En 1787, seis años después de la primera edición, Kant dotó a este capítulo de una nueva sección. Dejó claro que no había cambiado de opinión: en el nuevo prólogo dice que no encontró «nada que cambiar» en las proposiciones ni en sus pruebas, solo en el «modo de exposición». La cuestión de la geometría había quedado comprimida en unas pocas líneas de la primera edición. Ahora recibía una sección propia, y el argumento parte de algo que nadie discute.
La geometría funciona. No por lo general, no hasta ahora. El ejemplo del propio Kant, en la Introducción, es que la línea recta es el camino más corto entre dos puntos. No hay ningún rincón del universo donde pueda estar esperando un contraejemplo. Usted no lo comprobó. No podría haberlo comprobado. Y lo sabe de todos modos.
Kant plantea la pregunta evidente que casi nadie plantea: ¿cómo?
No puede proceder de la experiencia. La experiencia solo puede decir lo que la primera edición dijo que diría: «hasta donde se ha observado hasta ahora, no se ha encontrado ningún espacio que tenga más de tres dimensiones». Eso es un informe, no una ley, y la geometría no es un informe. Y tampoco puede proceder de desplegar la definición de línea recta, porque, como dice Kant, «mi concepto de lo recto no contiene nada de cantidad». Ahí dentro no hay nada sobre lo más corto. Un filósofo puede quedarse mirando el concepto de triángulo eternamente sin sacar nada nuevo. Un geómetra, dice Kant, «comienza enseguida construyendo un triángulo». Hay que dibujarlo, aunque sea solo en la cabeza.
Así que hay algo a lo que usted tiene acceso, antes de mirar nada, que está lo bastante estructurado como para demostrar teoremas sobre ello. La respuesta de Kant es que usted no está consultando el mundo. Está consultando la forma que tiene su propio sentido externo, y la tiene antes de que llegue a él ningún objeto.
«Esta intuición ha de encontrarse en nosotros antes de toda percepción de un objeto y, por tanto, ha de ser intuición pura, no empírica».
Y por eso el dibujo que usted hace en su cabeza obliga al mundo que está fuera de ella. Todo objeto que llegue a encontrar tiene que presentarse en ese mismo espacio, de modo que lo que vale del triángulo que usted construyó vale de todo triángulo que encuentre. Kant tenía tanta confianza como para llamar a su conclusión —que el espacio es una forma de nuestra propia intuición— «no solo posible o probable, sino indudablemente cierta». Es una conclusión extraña y bastante hermosa: la fiabilidad de la geometría es una prueba sobre usted.
Vuelva ahora a las dos respuestas que Kant heredó. El espacio es un recipiente gigantesco. O el espacio es una red de relaciones entre las cosas. Parecen opuestas, y Kant se deshace de ambas con una sola frase: ningún rasgo de una cosa, «ni absoluto ni relativo», puede conocerse antes de que la cosa misma esté ahí.
Piense en lo que eso excluye. Si el espacio fuera una propiedad del mundo, o el patrón de relaciones entre las cosas que hay en él, usted tendría que encontrarse primero con el mundo y averiguar después el espacio, del mismo modo que averigua que una piedra pesa. Pero acabamos de ver que usted tiene el espacio antes de encontrarse con nada. Ni siquiera puede ver la piedra como «allí» sin él. Y algo que usted tiene antes de encontrarse con el mundo no puede ser un informe sobre el mundo.
Kant dice también lo que cuesta cada rival. La concepción del recipiente le deja a uno creyendo en «dos no-entes eternos e infinitos, subsistentes por sí mismos», el espacio y el tiempo, enormes «algos» que contienen todo lo real sin ser ellos mismos nada real. La concepción relacional convierte la geometría en un resumen de lo observado hasta ahora, de modo que tiene que renunciar a la certeza de la geometría, que es precisamente lo que más seguro sabemos del espacio. Su propia concepción conserva la certeza y no necesita ninguno de esos «algos» inventados.
Este es el punto en el que todos los lectores desde 1781 han protestado, y Kant lo sabía. Si el espacio es algo que aportamos y no algo que encontramos, ¿no es el mundo que vemos una mera proyección? ¿Una alucinación con buena frecuencia de imagen?
No, y la razón importa más que la conclusión.
Kant tuvo cuidado de poner dos tesis una al lado de la otra, y si se prescinde de cualquiera de ellas se le entiende mal. El espacio es empíricamente real: vale, sin excepción, para todo objeto que pueda llegar a darse a sus sentidos. Nada de lo que usted vaya a encontrar escapa a él. Y el espacio es trascendentalmente ideal: pregúntese qué queda de él una vez que se resta la condición de toda experiencia posible, y la respuesta es: nada en absoluto. Es, dice, «únicamente desde el punto de vista humano como podemos hablar del espacio», y es lo bastante honesto como para añadir que no puede saber si otros tipos de mentes están sujetos a la misma forma.
Luego da la vuelta a la preocupación. «Sería culpa mía», escribe, «si de lo que debo contar como fenómeno hiciera mera apariencia ilusoria». La concepción que se desliza hacia la ilusión es la otra. Si el espacio es una cosa real que seguiría existiendo aunque se retirara todo de él, entonces las cosas que hay en él empiezan a parecer sombras de algo más extraño, y Kant dice que, ante eso, «no se puede reprochar al buen Berkeley que degradara los cuerpos a mera apariencia ilusoria». Trate el espacio como una forma que usted aporta y el problema desaparece. La silla está realmente ahí, realmente en el espacio, y realmente a un metro de la puerta.
Incluso le dice qué comparación debe evitar. La gente recurre a los sabores y los colores: bueno, un vino sabe distinto a distintas personas, una rosa se ve distinta a distintos ojos, así que el espacio es así. No lo es. Esas sí que son sensaciones privadas, varían de una persona a otra, y no se puede demostrar absolutamente nada de antemano sobre ellas. El espacio es el caso opuesto. Procede de nosotros, y precisamente por eso vale para todo, para todos, sin una sola excepción.
Lo cual vuelve la preocupación del revés. Que el espacio sea suyo no es lo que hace el mundo menos real para usted. Es lo que hace que el mundo le resulte legible, y es la razón por la que una demostración que usted hizo de cabeza en el colegio obliga a una galaxia que nunca visitará.
A continuación: la segunda de las dos formas. No aquella en la que usted ve las cosas, sino aquella en la que usted vive: el tiempo.
La sección I de la estética trascendental al completo: los cuatro argumentos de que el espacio es una intuición a priori, el argumento de la geometría al que Kant dedicó una sección propia en 1787 y las dos conclusiones que convierten todo ello en una tesis sobre lo que el espacio es. Allí donde difieren las ediciones de 1781 y 1787 se cartografían ambas, y allí donde Kant vuelve más adelante en la Crítica sobre un argumento, se cita al lado el pasaje posterior.
La primera entrada terminó con una promesa: hay dos formas puras de la intuición sensible, y Kant está a punto de examinarlas. Esta es la primera: el espacio.
No empieza con una respuesta, sino con una pregunta, y merece la pena leerla despacio, porque toda la sección está construida para responderla:
«¿Qué son, pues, el espacio y el tiempo? ¿Son entes reales? ¿Son solo determinaciones o relaciones de las cosas, pero de tal índole que pertenecerían a las cosas aun cuando estas no fueran intuidas? ¿O son el espacio y el tiempo tales que solo pertenecen a la forma de la intuición y, por tanto, a la constitución subjetiva de nuestro espíritu?»
No son tres posibilidades abstractas. Cada una tenía defensores serios en 1781, y Kant nombra él mismo a los dos primeros unas páginas más adelante, en el §7 (A39–40/B56–57), cuando vuelve la vista hacia lo que la sección ha hecho con ellos:
| El espacio es… | Quién lo sostenía | El veredicto de Kant, en sus palabras |
|---|---|---|
| un ente real: un recipiente autónomo | los «investigadores matemáticos de la naturaleza» (el lado newtoniano) | Tienen que «admitir dos no-entes eternos e infinitos, subsistentes por sí mismos», que están ahí «solo para contener en sí todo lo real» |
| una relación entre las cosas, que valdría aunque nadie las intuyera | los «investigadores metafísicos de la naturaleza»: Leibniz, de quien Kant dice más adelante que «intelectualizó estas formas de la sensibilidad» (A275/B331) | Puesto que para ellos el espacio está «abstraído de la experiencia», se ven «obligados a negar que las doctrinas matemáticas a priori tengan validez alguna respecto de las cosas reales» |
| la forma de nuestra intuición | Kant | «Con nuestra teoría del verdadero carácter de estas dos formas originarias de la sensibilidad, ambas dificultades quedan eliminadas». |
Tenga presente esta tabla. Cada uno de los argumentos que siguen apunta a una de las dos primeras filas, y las dos conclusiones del final son Kant tachándolas.
Su método para resolver la cuestión es una exposición. En 1787 define la palabra antes de usarla; el texto de 1781 dice simplemente «wollen wir zuerst den Raum betrachten» —consideremos primero el espacio—, sin definición y sin números de sección.
| Término | En lenguaje llano | Las propias palabras de Kant |
|---|---|---|
| Exposición (Erörterung, expositio) |
Desplegar lo que ya está contenido en un concepto | «La representación clara (aunque no necesariamente completa) de lo que pertenece a un concepto» (B38) |
| Exposición metafísica (metaphysische Erörterung) |
Mostrar qué clase de representación es | «Cuando contiene aquello que presenta el concepto como dado a priori» (B38) |
| Exposición trascendental (transscendentale Erörterung) |
Mostrar lo que hace posible | «La explicación de un concepto como principio a partir del cual puede comprenderse la posibilidad de otros conocimientos sintéticos a priori» (B40) |
| Sentido externo (äußerer Sinn) |
La capacidad por la que las cosas se presentan como exteriores a usted | «Por medio del sentido externo (una propiedad de nuestro espíritu) nos representamos objetos como exteriores a nosotros, y a todos ellos sin excepción en el espacio» (A22/B37) |
| Intuición frente a concepto (Anschauung / Begriff) |
Una cosa encontrada directamente, frente a una nota común compartida por muchas cosas | La intuición es «representación inmediata» de los objetos (B41). Un concepto está «contenido en un número infinito de representaciones posibles diferentes (como su nota común)» (B40) |
| Sintético frente a analítico | Añade algo a un concepto, frente a desplegarlo | Analítico: el predicado está «(ocultamente) contenido» en el concepto del sujeto. Sintético: se encuentra «fuera del concepto», aunque esté en conexión con él (Introducción IV, A6–7/B10–11) |
| A priori, y cómo reconocerlo | Conocido con independencia de la experiencia | «La necesidad y la universalidad estricta son, pues, criterios seguros de un conocimiento a priori» (Introducción II, B4) |
| Apodíctico (apodiktisch) |
No puede ser de otro modo | «Ligadas a la conciencia de su necesidad» (B41) |
Las dos exposiciones plantean preguntas distintas sobre el mismo concepto, y esa es la forma de toda la sección: el §2 pregunta ¿qué es esta representación?; el §3 pregunta ¿qué nos permite hacer el tenerla?
Dos de los argumentos establecen que el espacio es a priori; los otros dos, que es una intuición y no un concepto. Ese es todo el reparto del trabajo.
| # | Tesis | El movimiento | Establece |
|---|---|---|---|
| 1 | El espacio no es un concepto empírico extraído de la experiencia externa | Para referir una sensación a algo fuera de mí, o para situar dos cosas «no solo como diferentes, sino como en lugares diferentes», he de tener ya el espacio. Por tanto, el espacio no puede abstraerse de esa experiencia: «esta experiencia externa solo es posible, ella misma, mediante dicha representación». | a priori |
| 2 | El espacio es una representación necesaria a priori que sirve de base a todas las intuiciones externas | «Nunca podemos representarnos que no haya espacio, aunque podemos muy bien pensar que no se encuentren en él objetos». El vacío es pensable; la ausencia no. Por tanto, el espacio es la condición de los fenómenos, «y no una determinación dependiente de ellos». | a priori |
| 3 | El espacio no es un concepto general de relaciones, sino una intuición pura | Solo hay un espacio. Lo que llamamos «espacios» son limitaciones suyas: partes pensadas solo en él, nunca piezas a partir de las cuales se ensamble. | intuición |
| 4 | El espacio se representa como una magnitud infinita dada | Un concepto contiene infinitas representaciones bajo sí; ningún concepto contiene infinitas representaciones dentro de sí. El espacio hace exactamente eso: «todas las partes del espacio coexisten ad infinitum». | intuición |
El argumento 4 es el que conviene meditar. La prueba es de carácter estructural, sobre la relación de contención, y es lo que hace inevitable la conclusión:
Los cuatro argumentos están comprimidos en un párrafo cada uno. Kant vuelve más adelante sobre la mayoría de ellos, y los pasajes posteriores muestran a menudo con más claridad lo que quería decir la versión breve:
| Argumento | Dónde | Lo que añade el pasaje posterior |
|---|---|---|
| 1 — no abstraído | §7, A40/B57 | La concepción relacional recibe el nombre de lo que niega el argumento 1: el espacio como «relaciones abstraídas de la experiencia y, en esta separación, representadas confusamente». |
| 2 — vacío, nunca ausente | Antinomia, nota a A429/B457 | Pensar el espacio vacío no es percibir una cosa vacía: «El espacio es meramente la forma de la intuición externa (intuición formal). No es un objeto real que pueda ser intuido externamente». Una relación del mundo con el espacio vacío infinito es «el predicado de un mero ente de pensamiento». |
| 3 — un solo espacio, partes dentro de él | Anfibología, A272/B328 | «El concepto de un pie cúbico de espacio, dondequiera y cuantas veces lo piense, es en sí mismo enteramente uno y el mismo. Pero dos pies cúbicos se distinguen, sin embargo, en el espacio por la mera diferencia de sus lugares (numero diversa)», y esos lugares «no pertenecen, sin embargo, al concepto, sino enteramente a la sensibilidad». |
| 3 — un solo espacio, partes dentro de él | Prolegómenos §13 (1783), AA IV 285–86 | La mano izquierda y la derecha: iguales y semejantes en todos los aspectos describibles y, sin embargo, el guante de una no le sirve a la otra. La diferencia no puede hacerse inteligible «durch keinen einzigen Begriff», sino solo mediante la relación con la totalidad del espacio: «der Theil ist nur durchs Ganze möglich», la parte solo es posible mediante el todo. |
| 3 — la coda del triángulo | Disciplina de la razón pura, A716–17/B744–45 | El filósofo «puede analizar y aclarar el concepto de línea recta o de ángulo… pero nunca puede llegar a propiedades que no estén ya contenidas en estos conceptos». El geómetra «comienza enseguida construyendo un triángulo». |
Las líneas de los Prolegómenos se citan en el alemán de Kant según la edición de la Academia, Prolegómenos §13, AA IV 286; la glosa tras el guion es traducción nuestra. Los pasajes de la Crítica proceden de Kemp Smith (1929).
La edición A de 1781 presenta aquí cinco argumentos numerados; la B de 1787 presenta cuatro. Merece la pena conocer la propia explicación de Kant sobre la revisión, en el prólogo de B (Bxxxvii–xxxviii), antes de ver la tabla:
«En las proposiciones mismas y en sus pruebas … no he encontrado nada que cambiar. … En cuanto al modo de exposición, en cambio, queda todavía mucho por hacer; y en esta edición he intentado introducir mejoras que ayuden a eliminar, en primer lugar, el malentendido relativo a la estética, especialmente en lo que concierne al concepto del tiempo».
Así pues, según su propia explicación, lo que cambió fue la exposición, no la doctrina, y la tabla lo confirma, con una excepción en el argumento 5 que es algo más que una reformulación:
| A (1781) | B (1787) |
|---|---|
| Inicio: «consideremos primero el espacio», sin definición, sin § | El §2 define la exposición y llama metafísica a esta |
| 1) no es un concepto empírico | 1) igual |
| 2) una representación necesaria a priori | 2) igual |
| 3) en esta necesidad se basa «la certeza apodíctica de todas las proposiciones geométricas». Si el espacio se aprendiera de la experiencia, no sería necesario «que entre dos puntos solo haya una línea recta»; solo podríamos decir «que, hasta donde se ha observado hasta ahora, no se ha encontrado ningún espacio que tenga más de tres dimensiones» | — retirado del §2 y reconstruido como el nuevo §3 |
| 4) no es un concepto discursivo, sino una intuición pura, con la coda del triángulo | 3) igual, coda incluida |
| 5) una magnitud infinita dada, argumentada a partir de la progresión de la intuición: un concepto general del espacio, «que se encuentra igualmente en un pie que en una vara», no determina nada acerca de la magnitud, y «si no hubiera ilimitación en la progresión de la intuición, ningún concepto de relaciones podría proporcionar un principio de su infinitud» | 4) la misma tesis, pero con un argumento diferente: la prueba de «bajo/dentro» vista arriba, y una infinitud que está dada de una vez («todas las partes del espacio coexisten») en lugar de alcanzarse avanzando |
| Observación final: el sabor de un vino y los colores como «modificaciones del sentido de la vista» | Reescrito: el espacio es la única representación subjetiva de algo externo que podría llamarse «[at once] objetiva [and] a priori», porque solo a partir de ella pueden derivarse proposiciones sintéticas a priori, y B cita ahora para ello el nuevo §3 |
¿Por qué reescribir el argumento 5? Kant no lo dice. Una lectura, plausible pero que es interpretación, no texto, se apoya en la nota a la primera antinomia (A432/B460): allí «el verdadero concepto trascendental de la infinitud» es «que la síntesis sucesiva de la unidad en la medición de un cuanto nunca puede completarse», mientras que lo múltiple de un mundo infinito en extensión «está dado como coexistente». Una infinitud alcanzada mediante una progresión sin fin es exactamente esa serie nunca completada, de modo que B traslada la infinitud del espacio a la coexistencia simultánea de sus partes.
La exposición metafísica nos dijo lo que el espacio es. La exposición trascendental pregunta qué nos reporta tenerlo, y la respuesta de Kant es la existencia de la geometría.
Una exposición trascendental tiene dos condiciones, y Kant las enuncia antes de empezar: «1) que de hecho tales conocimientos se deriven del concepto dado; 2) que estos conocimientos solo sean posibles presuponiendo un modo dado de explicar dicho concepto». El primer párrafo del §3 cumple la primera condición; el último párrafo, con su «única explicación», cumple la segunda.
El §3 se apoya además en dos páginas de la Introducción, citadas entre corchetes en el texto, y merece la pena ver lo que dicen:
| El §3 cita | Lo que establece | El ejemplo de Kant |
|---|---|---|
| Introducción V (B14–17) | La geometría es sintética: sus proposiciones van más allá de sus conceptos | «Que la línea recta es la más corta entre dos puntos es una proposición sintética. Pues mi concepto de lo recto no contiene nada de cantidad, sino solo una cualidad». (B16) |
| Introducción II (B3–6) | La geometría es a priori: la necesidad no puede proceder de la experiencia | La experiencia solo da una «universalidad comparativa, por inducción»: «hasta donde hemos observado hasta ahora, no se encuentra excepción alguna a esta o aquella regla». (B3–4) |
Observe que el argumento 3 de la edición A ya había utilizado exactamente esa fórmula inductiva —«hasta donde se ha observado hasta ahora, no se ha encontrado ningún espacio que tenga más de tres dimensiones»— como imagen de aquello a lo que quedaría reducida la geometría si el espacio se aprendiera. El §3 conserva la idea y abandona la imagen. La geometría enuncia cosas sobre el espacio que son sintéticas y que, sin embargo, valen a priori, y Kant recorre ese hecho hacia atrás hasta una condición sobre lo que el espacio ha de ser:
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flowchart TD
G["La geometría es una ciencia real
determina el espacio sintéticamente"] --> S["Sus proposiciones son sintéticas
van más allá del concepto"]
G --> N["Sus proposiciones son apodícticas
p. ej., el espacio tiene tres dimensiones"]
S -->|"ninguna proposición sintética
procede de un mero concepto"| I["Así que la representación del espacio
ha de ser una INTUICIÓN"]
N -->|"la necesidad no puede
leerse en la experiencia"| P["Así que esa intuición ha de ser
A PRIORI, hallarse en nosotros
antes de todo objeto"]
I --> F["Una intuición anterior a todos los objetos
solo puede tener su sede en el sujeto"]
P --> F
F --> C["El espacio es la FORMA DEL SENTIDO EXTERNO"]
Fíjese en la dirección del recorrido. Kant no demuestra la geometría a partir de su teoría del espacio; toma la geometría como un hecho establecido y se pregunta qué tendría que ser el espacio para que ese hecho fuera posible. Como él mismo dice, solo esta explicación hace inteligible la geometría, y cualquier explicación rival «puede distinguirse de ella con la mayor seguridad mediante este criterio».
Al final de la estética (observaciones generales, A46–49/B63–66) Kant vuelve a exponer el mismo argumento, esta vez como una eliminación; dice que servirá para «poner en una luz más clara lo dicho en el §3». Una proposición sintética y necesaria sobre el espacio tiene que proceder de alguna parte, y solo hay cuatro fuentes candidatas:
| de conceptos | de la intuición | |
|---|---|---|
| a posteriori | solo proposiciones empíricas, sin necesidad | solo proposiciones empíricas, sin necesidad |
| a priori | «a partir de meros conceptos solo puede obtenerse conocimiento analítico, no conocimiento sintético» | la única fuente que queda: «Debe usted, por tanto, darse un objeto a priori en la intuición» |
Su caso de prueba es «Dos líneas rectas no pueden encerrar un espacio»: intente sacarlo de los conceptos de línea recta y de dos, y «todo su esfuerzo es vano». Y enuncia el resultado en términos más fuertes que en el §3: es «no solo posible o probable, sino indudablemente cierto» que el espacio y el tiempo son meramente condiciones subjetivas de nuestra intuición.
El mismo argumento explica también por qué la geometría se aplica al mundo físico, cosa que Kant desarrolla en los axiomas de la intuición (A165/B206): puesto que la intuición empírica solo es posible mediante la intuición pura del espacio, «lo que la geometría afirma de la intuición pura vale, por tanto, innegablemente para la intuición empírica».
P1. El espacio se intuye a priori, es decir, antes de cualquier objeto e independientemente de él.
P2. «No pueden intuirse determinaciones, ni absolutas ni relativas, antes de la existencia de las cosas a las que pertenecen».
∴ El espacio no representa ninguna propiedad de las cosas en sí, ni ninguna relación entre ellas.
La bisagra es P2, y realiza un trabajo real. Nada que usted pueda tener antes de encontrarse con un objeto puede proceder de ese objeto. Así que, si el espacio es genuinamente a priori, no es algo que el mundo nos haya entregado.
Vuelva a la tabla del principio. P2 dice ni absolutas ni relativas, y esas dos palabras tachan a la vez las dos filas rivales: una determinación absoluta (el espacio como propiedad o recipiente de las cosas) y una relativa (el espacio como las relaciones entre las cosas) son igualmente cosas que solo podrían aprenderse de las cosas. P1 es lo que estableció el §2. La geometría, notablemente, no es aquí una premisa: (a) se enuncia en ambas ediciones, incluida la de 1781, en la que no hay §3.
P1. El espacio no es más que la forma de todos los fenómenos del sentido externo: la condición subjetiva bajo la cual nos es posible en absoluto la intuición externa.
P2. La receptividad del sujeto, su capacidad de ser afectado por los objetos, ha de preceder a toda intuición de esos objetos.
∴ La forma de todos los fenómenos puede estar dada en el espíritu antes de todas las percepciones reales, es decir, a priori.
La consecuencia se extrae de inmediato: «Únicamente desde el punto de vista humano podemos, pues, hablar del espacio, de seres extensos, etc.». Siguen dos matizaciones. Primera: Kant no pretende saber que todo espíritu haya de intuir espacialmente; «no podemos juzgar si las intuiciones de otros seres pensantes están sujetas a las mismas condiciones que limitan nuestra intuición». Segunda —y este es el movimiento que los lectores suelen pasar por alto—: la restricción no debilita la tesis. La vuelve incondicional:
«Todas las cosas están unas al lado de otras en el espacio»: válido solo bajo una limitación.
«Todas las cosas, como fenómenos externos, están unas al lado de otras en el espacio»: «la regla es válida universalmente y sin limitación».
En cuanto la condición queda inscrita en el sujeto del juicio, ya no le quedan excepciones.
Kant enuncia ahora juntas las dos mitades, y solo tienen sentido como par:
| Tesis | Lo que excluye | |
|---|---|---|
| Realidad empírica | El espacio es objetivamente válido para todo lo que pueda llegar a darse a nuestros sentidos externos | Que el espacio sea un sueño, una ilusión o una distorsión privada |
| Idealidad trascendental | El espacio no es nada en absoluto en cuanto prescindimos de la condición de la experiencia posible | Que el espacio sea un recipiente en el que el mundo se asienta, lo mire alguien o no |
«Afirmamos, pues, la realidad empírica del espacio respecto de toda experiencia externa posible; y, al mismo tiempo, afirmamos su idealidad trascendental, es decir, que no es nada en absoluto en cuanto suprimimos la condición antes mencionada, a saber, su limitación a la experiencia posible, y lo consideramos como algo que sirve de fundamento a las cosas en sí».
La objeción evidente es que esto convierte los cuerpos en ilusiones. Kant la responde en un pasaje añadido en 1787 (observaciones generales, B69–71), y la respuesta es una inversión:
«Sería culpa mía si de lo que debo contar como fenómeno hiciera mera apariencia ilusoria. Eso no se sigue como consecuencia de nuestro principio de la idealidad de todas nuestras intuiciones sensibles; muy al contrario».
Es la concepción según la cual el espacio pertenece a las cosas en sí la que termina en la ilusión. Si se hace reales al espacio y al tiempo, se necesitan «dos cosas infinitas que no son sustancias ni algo realmente inherente a las sustancias» y que seguirían existiendo «aun cuando se suprimieran todas las cosas existentes»; y ante ese absurdo, dice Kant, «no se puede reprochar al buen Berkeley que degradara los cuerpos a mera apariencia ilusoria». La refutación del idealismo (B274) dice lo mismo en una sola frase: «El idealismo dogmático es inevitable si se considera el espacio como una propiedad que ha de pertenecer a las cosas en sí… El fundamento sobre el que descansa este idealismo ya lo hemos socavado en la estética trascendental».
Kant sale al paso de la ilustración más tentadora: no se trata de que los colores y los sabores sean subjetivos. Estos son meras sensaciones, «cambios en el sujeto, cambios que pueden ser incluso diferentes en distintas personas», y no proporcionan conocimiento a priori de nada. El espacio es el caso opuesto: subjetivo por su origen y, precisamente por ello, universal y necesariamente válido para todo objeto con el que podamos encontrarnos. Las dos ediciones plantean la cuestión de manera distinta. A recurre al sabor de un vino. B ofrece, en cambio, un criterio: no hay «ninguna otra representación subjetiva de la que podamos derivar proposiciones sintéticas a priori, como podemos hacerlo a partir de la intuición en el espacio (§3)», de modo que los colores, los sonidos y el calor «no tienen idealidad» alguna. El párrafo final, con la rosa que parece distinta «a cada observador», es igual en ambas.
El límite que se traza aquí es aquel con el que se cierra toda la estética (B73): los juicios basados en la intuición pura «nunca pueden extenderse más allá de los objetos de los sentidos; solo valen para objetos de la experiencia posible».
Vermittelst des äußeren Sinnes (einer Eigenschaft unsres Gemüths)stellen wir uns Gegenstände als außer uns und diese insgesammt imRaume vor. Darin ist ihre Gestalt, Größe und Verhältniß gegen einanderbestimmt oder bestimmbar. Der innere Sinn, vermittelst dessen dasGemüth sich selbst oder seinen inneren Zustand anschauet, giebt zwar keineAnschauung von der Seele selbst als einem Object, allein es ist doch einebestimmte Form, unter der die Anschauung ihres innern Zustandes alleinmöglich ist, so daß alles, was zu den innern Bestimmungen gehört, inVerhältnissen der Zeit vorgestellt wird. Äußerlich kann die Zeit nicht angeschautwerden, so wenig wie der Raum als etwas in uns. Was sindnun Raum und Zeit? Sind es wirkliche Wesen? Sind es zwar nur Bestimmungenoder auch Verhältnisse der Dinge, aber doch solche, welcheihnen auch an sich zukommen würden, wenn sie auch nicht angeschautwürden; oder sind sie solche, die nur an der Form der Anschauung alleinhaften und mithin an der subjectiven Beschaffenheit unseres Gemüths,ohne welche die Prädicate gar keinem Dinge beigelegt werden können?Um uns hierüber zu belehren, wollen wir zuerst den Raum betrachten.
1) der Raum ist kein empirischer Begriff, der von äußeren Erfahrungenabgezogen worden. Denn damit gewisse Empfindungen auf etwasaußer mir bezogen werden (d. i. auf etwas in einem andern Orte desRaumes, als darin ich mich befinde), imgleichen damit ich sie als außereinander, mithin nicht blos verschieden, sondern als in verschiedenen Ortenvorstellen könne, dazu muß die Vorstellung des Raumes schon zum Grundeliegen. Demnach kann die Vorstellung des Raumes nicht aus den Verhältnissender äußern Erscheinung durch Erfahrung erborgt sein, sonderndiese äußere Erfahrung ist selbst nur durch gedachte Vorstellung allererstmöglich.
2) Der Raum ist eine nothwendige Vorstellung a priori, die allenäußeren Anschauungen zum Grunde liegt. Man kann sich niemals eineVorstellung davon machen, daß kein Raum sei, ob man sich gleich ganzwohl denken kann, daß keine Gegenstände darin angetroffen werden. Erwird also als die Bedingung der Möglichkeit der Erscheinungen und nichtals eine von ihnen abhängende Bestimmung angesehen und ist eine Vorstellunga priori, die nothwendiger weise äußeren Erscheinungen zumGrunde liegt.
3) Auf diese Nothwendigkeit a priori gründet sich die apodiktischeGewißheit aller geometrischen Grundsätze und die Möglichkeit ihrer Constructionena priori. Wäre nämlich diese Vorstellung des Raums eina posteriori erworbener Begriff, der aus der allgemeinen äußeren Erfahrunggeschöpft wäre, so würden die ersten Grundsätze der mathematischenBestimmung nichts als Wahrnehmungen sein. Sie hätten also alle Zufälligkeitder Wahrnehmung, und es wäre eben nicht nothwendig, daßzwischen zwei Punkten nur eine gerade Linie sei, sondern die Erfahrungwürde es so jederzeit lehren. Was von der Erfahrung entlehnt ist, hatauch nur comparative Allgemeinheit, nämlich durch Induction. Manwürde also nur sagen können: so viel zur Zeit noch bemerkt worden, istkein Raum gefunden worden, der mehr als drei Abmessungen hätte.
4) Der Raum ist kein discursiver oder, wie man sagt, allgemeinerBegriff von Verhältnissen der Dinge überhaupt, sondern eine reine Anschauung.Denn erstlich kann man sich nur einen einigen Raum vorstellen,und wenn man von vielen Räumen redet, so versteht man darunternur Theile eines und desselben alleinigen Raumes. Diese Theile könnenauch nicht vor dem einigen, allbefassenden Raume gleichsam als dessen Bestandtheile(daraus seine Zusammensetzung möglich sei) vorhergehen, sondernnur in ihm gedacht werden. Er ist wesentlich einig, das Mannigfaltigein ihm, mithin auch der allgemeine Begriff von Räumen überhauptberuht lediglich auf Einschränkungen. Hieraus folgt, daß in Ansehungseiner eine Anschauung a priori (die nicht empirisch ist) allen Begriffenvon demselben zum Grunde liege. So werden auch alle geometrischeGrundsätze, z. E. daß in einem Triangel zwei Seiten zusammen größersind als die dritte, niemals aus allgemeinen Begriffen von Linie undTriangel, sondern aus der Anschauung und zwar a priori mit apodiktischerGewißheit abgeleitet.
5) Der Raum wird als eine unendliche Größe gegeben vorgestellt.Ein allgemeiner Begriff vom Raum (der sowohl einem Fuße, als einerElle gemein ist) kann in Ansehung der Größe nichts bestimmen. Wärees nicht die Grenzenlosigkeit im Fortgange der Anschauung, so würde keinBegriff von Verhältnissen ein Principium der Unendlichkeit derselben beisich führen.
a) Der Raum stellt gar keine Eigenschaft irgend einiger Dinge ansich, oder sie in ihrem Verhältniß auf einander vor, d. i. keine Bestimmungderselben, die an Gegenständen selbst haftete, und welche bliebe, wennman auch von allen subjectiven Bedingungen der Anschauung abstrahirte.Denn weder absolute, noch relative Bestimmungen können vor dem Daseinder Dinge, welchen sie zukommen, mithin nicht a priori angeschaut werden.
b) Der Raum ist nichts anders, als nur die Form aller Erscheinungenäußerer Sinne, d. i. die subjective Bedingung der Sinnlichkeit,unter der allein uns äußere Anschauung möglich ist. Weil nun die Receptivitätdes Subjects, von Gegenständen afficirt zu werden, nothwendigerWeise vor allen Anschauungen dieser Objecte vorhergeht, so läßt sich verstehen,wie die Form aller Erscheinungen vor allen wirklichen Wahrnehmungen,mithin a priori im Gemüthe gegeben sein könne, und wie sie alseine reine Anschauung, in der alle Gegenstände bestimmt werden müssen,Principien der Verhältnisse derselben vor aller Erfahrung enthalten könne.Wir können demnach nur aus dem Standpunkte eines Menschenvom Raum, von ausgedehnten Wesen etc. reden. Gehen wir von der subjectivenBedingung ab, unter welcher wir allein äußere Anschauung bekommenkönnen, so wie wir nämlich von den Gegenständen afficiert werdenmögen, so bedeutet die Vorstellung vom Raume gar nichts. Dieses Prädicatwird den Dingen nur in so fern beigelegt, als sie uns erscheinen, d. i.Gegenstände der Sinnlichkeit sind. Die beständige Form dieser Receptivität,welche wir Sinnlichkeit nennen, ist eine nothwendige Bedingungaller Verhältnisse, darin Gegenstände als außer uns angeschauet werden,und wenn man von diesen Gegenständen abstrahirt, eine reine Anschauung,welche den Namen Raum führt. Weil wir die besonderen Bedingungender Sinnlichkeit nicht zu Bedingungen der Möglichkeit der Sachen, sondernnur ihrer Erscheinungen machen können, so können wir wohl sagen,daß der Raum alle Dinge befasse, die uns äußerlich erscheinen mögen,aber nicht alle Dinge an sich selbst, sie mögen nun angeschaut werden odernicht, oder auch von welchem Subject man wolle. Denn wir können vonden Anschauungen anderer denkenden Wesen gar nicht urtheilen, ob siean die nämlichen Bedingungen gebunden seien, welche unsere Anschauungeinschränken und für uns allgemein gültig sind. Wenn wir die Einschränkungeines Urtheils zum Begriff des Subjects hinzufügen, so giltdas Urtheil alsdann unbedingt. Der Satz: Alle Dinge sind neben einanderim Raum, gilt nur unter der Einschränkung, wenn diese Dinge alsGegenstände unserer sinnlichen Anschauung genommen werden. Füge ichhier die Bedingung zum Begriffe und sage: Alle Dinge als äußere Erscheinungensind neben einander im Raum, so gilt diese Regel allgemeinund ohne Einschränkung. Unsere Erörterungen lehren demnach die Realität(d. i. die objective Gültigkeit) des Raumes in Ansehung alles dessen,was äußerlich als Gegenstand uns vorkommen kann, aber zugleich dieIdealität des Raums in Ansehung der Dinge, wenn sie durch die Vernunftan sich selbst erwogen werden, d. i. ohne Rücksicht auf die Beschaffenheitunserer Sinnlichkeit zu nehmen. Wir behaupten also die empirischeRealität des Raumes (in Ansehung aller möglichen äußeren Erfahrung),obzwar zugleich die transscendentale Idealität desselben, d. i. daßer Nichts sei, so bald wir die Bedingung der Möglichkeit aller Erfahrungweglassen und ihn als etwas, was den Dingen an sich selbst zum Grundeliegt, annehmen.Es giebt aber auch außer dem Raum keine andere subjective undauf etwas äußeres bezogene Vorstellung, die a priori objectiv heißenkönnte; daher diese subjective Bedingung aller äußeren Erscheinungen mitkeiner andern kann verglichen werden. Der Wohlgeschmack eines Weinesgehört nicht zu den objectiven Bestimmungen des Weines, mithin eines Objectssogar als Erscheinung betrachtet, sondern zu der besondern Beschaffenheitdes Sinnes an dem Subjecte, was ihn genießt. Die Farben sind nichtBeschaffenheiten der Körper, deren Anschauung sie anhängen, sondernauch nur Modificationen des Sinnes des Gesichts, welches vom Lichte aufgewisse Weise afficirt wird. Dagegen gehört der Raum, als Bedingungäußerer Objecte, nothwendiger Weise zur Erscheinung oder Anschauungderselben. Geschmack und Farben sind gar nicht nothwendige Bedingungen,unter welchen die Gegenstände allein für uns Objecte der Sinne werdenkönnen. Sie sind nur als zufällig beigefügte Wirkungen der besondernOrganisation mit der Erscheinung verbunden. Daher sind sie auch keineVorstellungen a priori, sondern auf Empfindung, der Wohlgeschmack abersogar auf Gefühl (der Lust und Unlust) als einer Wirkung der Empfindunggegründet. Auch kann niemand a priori weder eine Vorstellung einerFarbe, noch irgend eines Geschmacks haben: der Raum aber betrifft nurdie reine Form der Anschauung, schließt also gar keine Empfindung(nichts Empirisches) in sich, und alle Arten und Bestimmungen desRaumes können und müssen sogar a priori vorgestellt werden können,wenn Begriffe der Gestalten sowohl, als Verhältnisse entstehen sollen.Durch denselben ist es allein möglich, daß Dinge für uns äußere Gegenständesind.Die Absicht dieser Anmerkung geht nur dahin, zu verhüten: daß mandie behauptete Idealität des Raumes nicht durch bei weitem unzulänglicheBeispiele zu erläutern sich einfallen lasse, da nämlich etwa Farben,Geschmack etc. mit Recht nicht als Beschaffenheiten der Dinge, sondernblos als Veränderungen unseres Subjects, die sogar bei verschiedenenMenschen verschieden sein können, betrachtet werden. Denn in diesemFalle gilt das, was ursprünglich selbst nur Erscheinung ist, z. B. eineRose, im empirischen Verstande für ein Ding an sich selbst, welches dochjedem Auge in Ansehung der Farbe anders erscheinen kann. Dagegen istder transscendentale Begriff der Erscheinungen im Raume eine kritischeErinnerung, daß überhaupt nichts, was im Raume angeschaut wird, eineSache an sich, noch daß der Raum eine Form der Dinge sei, die ihnenetwa an sich selbst eigen wäre, sondern daß uns die Gegenstände an sichgar nicht bekannt sind, und was wir äußere Gegenstände nennen, nichtsanders als bloße Vorstellungen unserer Sinnlichkeit sind, deren Form derRaum ist, deren wahres Correlatum aber, d. i. das Ding an sich selbst,dadurch gar nicht erkannt wird noch erkannt werden kann, nach welchemaber auch in der Erfahrung niemals gefragt wird.
Vermittelst des äußeren Sinnes (einer Eigenschaft unsres Gemüths)stellen wir uns Gegenstände als außer uns und diese insgesammt imRaume vor. Darin ist ihre Gestalt, Größe und Verhältniß gegen einanderbestimmt oder bestimmbar. Der innere Sinn, vermittelst dessendas Gemüth sich selbst oder seinen inneren Zustand anschauet, giebt zwarkeine Anschauung von der Seele selbst als einem Object; allein es ist docheine bestimmte Form, unter der die Anschauung ihres inneren Zustandesallein möglich ist, so daß alles, was zu den inneren Bestimmungen gehört,in Verhältnissen der Zeit vorgestellt wird. Äußerlich kann die Zeit nichtangeschaut werden, so wenig wie der Raum als etwas in uns. Was sindnun Raum und Zeit? Sind es wirkliche Wesen? Sind es zwar nur Bestimmungenoder auch Verhältnisse der Dinge, aber doch solche, welcheihnen auch an sich zukommen würden, wenn sie auch nicht angeschautwürden, oder sind sie solche, die nur an der Form der Anschauung alleinhaften und mithin an der subjectiven Beschaffenheit unseres Gemüths,ohne welche diese Prädicate gar keinem Dinge beigelegt werden können?Um uns hierüber zu belehren, wollen wir zuerst den Begriff des Raumeserörtern. Ich verstehe aber unter Erörterung (expositio) die deutliche(wenn gleich nicht ausführliche) Vorstellung dessen, was zu einem Begriffegehört; metaphysisch aber ist die Erörterung, wenn sie dasjenige enthält,was den Begriff als a priori gegeben darstellt.
1) Der Raum ist kein empirischer Begriff, der von äußeren Erfahrungenabgezogen worden. Denn damit gewisse Empfindungen auf etwasaußer mir bezogen werden (d. i. auf etwas in einem andern Orte desRaumes, als darin ich mich befinde), imgleichen damit ich sie als außerund neben einander, mithin nicht bloß verschieden, sondern als in verschiedenenOrten vorstellen könne, dazu muß die Vorstellung des Raumesschon zum Grunde liegen. Demnach kann die Vorstellung des Raumesnicht aus den Verhältnissen der äußern Erscheinung durch Erfahrung erborgtsein, sondern diese äußere Erfahrung ist selbst nur durch gedachteVorstellung allererst möglich.
2) Der Raum ist eine nothwendige Vorstellung a priori, die allenäußeren Anschauungen zum Grunde liegt. Man kann sich niemals eineVorstellung davon machen, daß kein Raum sei, ob man sich gleich ganzwohl denken kann, daß keine Gegenstände darin angetroffen werden. Erwird also als die Bedingung der Möglichkeit der Erscheinungen und nichtals eine von ihnen abhängende Bestimmung angesehen und ist eine Vorstellunga priori, die nothwendiger Weise äußeren Erscheinungen zumGrunde liegt.
3) Der Raum ist kein discursiver oder, wie man sagt, allgemeinerBegriff von Verhältnissen der Dinge überhaupt, sondern eine reine Anschauung.Denn erstlich kann man sich nur einen einigen Raum vorstellen,und wenn man von vielen Räumen redet, so versteht man darunternur Theile eines und desselben alleinigen Raumes. Diese Theile könnenauch nicht vor dem einigen allbefassenden Raume gleichsam als dessenBestandtheile (daraus seine Zusammensetzung möglich sei) vorhergehen,sondern nur in ihm gedacht werden. Er ist wesentlich einig, das Mannigfaltigein ihm, mithin auch der allgemeine Begriff von Räumen überhauptberuht lediglich auf Einschränkungen. Hieraus folgt, daß in Ansehungseiner eine Anschauung a priori (die nicht empirisch ist) allen Begriffenvon demselben zum Grunde liegt. So werden auch alle geometrischeGrundsätze, z. E. daß in einem Triangel zwei Seiten zusammengrößer sind, als die dritte, niemals aus allgemeinen Begriffen von Linieund Triangel, sondern aus der Anschauung und zwar a priori mit apodiktischerGewißheit abgeleitet.
4) Der Raum wird als eine unendliche gegebene Größe vorgestellt.Nun muß man zwar einen jeden Begriff als eine Vorstellung denken, diein einer unendlichen Menge von verschiedenen möglichen Vorstellungen(als ihr gemeinschaftliches Merkmal) enthalten ist, mithin diese unter sichenthält: aber kein Begriff als ein solcher kann so gedacht werden, als ober eine unendliche Menge von Vorstellungen in sich enthielte. Gleichwohlwird der Raum so gedacht (denn alle Theile des Raumes ins unendlichesind zugleich). Also ist die ursprüngliche Vorstellung vom Raume Anschauunga priori und nicht Begriff.
Ich verstehe unter einer transscendentalen Erörterung die Erklärungeines Begriffs als eines Princips, woraus die Möglichkeit anderersynthetischer Erkenntnisse a priori eingesehen werden kann. Zu dieserAbsicht wird erfordert: 1) daß wirklich dergleichen Erkenntnisse aus demgegebenen Begriffe herfließen, 2) daß diese Erkenntnisse nur unter derVoraussetzung einer gegebenen Erklärungsart dieses Begriffs möglich sind.Geometrie ist eine Wissenschaft, welche die Eigenschaften des Raumssynthetisch und doch a priori bestimmt. Was muß die Vorstellung desRaumes denn sein, damit eine solche Erkenntniß von ihm möglich sei? Ermuß ursprünglich Anschauung sein; denn aus einem bloßen Begriffe lassensich keine Sätze, die über den Begriff hinausgehen, ziehen, welches doch inder Geometrie geschieht (Einleitung V). Aber diese Anschauung mußa priori, d. i. vor aller Wahrnehmung eines Gegenstandes, in uns angetroffenwerden, mithin reine, nicht empirische Anschauung sein. Denn diegeometrischen Sätze sind insgesammt apodiktisch, d. i. mit dem Bewußtseinihrer Nothwendigkeit verbunden, z. B. der Raum hat nur drei Abmessungen;dergleichen Sätze aber können nicht empirische oder Erfahrungsurtheilesein, noch aus ihnen geschlossen werden (Einleit. II).Wie kann nun eine äußere Anschauung dem Gemüthe beiwohnen, dievor den Objecten selbst vorhergeht, und in welcher der Begriff der letzterena priori bestimmt werden kann? Offenbar nicht anders, als sofern siebloß im Subjecte, als die formale Beschaffenheit desselben von Objectenafficirt zu werden und dadurch unmittelbare Vorstellung derselben,d. i. Anschauung, zu bekommen, ihren Sitz hat, also nur als Form desäußeren Sinnes überhaupt.Also macht allein unsere Erklärung die Möglichkeit der Geometrieals einer synthetischen Erkenntniß a priori begreiflich. Eine jedeErklärungsart, die dieses nicht liefert, wenn sie gleich dem Anscheine nachmit ihr einige Ähnlichkeit hätte, kann an diesen Kennzeichen am sicherstenvon ihr unterschieden werden.
a) Der Raum stellt gar keine Eigenschaft irgend einiger Dinge ansich, oder sie in ihrem Verhältniß auf einander vor, d. i. keine Bestimmungderselben, die an Gegenständen selbst haftete, und welche bliebe, wenn manauch von allen subjectiven Bedingungen der Anschauung abstrahirte.Denn weder absolute, noch relative Bestimmungen können vor dem Daseinder Dinge, welchen sie zukommen, mithin nicht a priori angeschautwerden.
b) Der Raum ist nichts anders, als nur die Form aller Erscheinungenäußerer Sinne, d. i. die subjective Bedingung der Sinnlichkeit,unter der allein uns äußere Anschauung möglich ist. Weil nun die Receptivitätdes Subjects, von Gegenständen afficirt zu werden, nothwendigerWeise vor allen Anschauungen dieser Objecte vorhergeht, so läßt sichverstehen, wie die Form aller Erscheinungen vor allen wirklichen Wahrnehmungen,mithin a priori im Gemüthe gegeben sein könne, und wie sieals eine reine Anschauung, in der alle Gegenstände bestimmt werdenmüssen, Principien der Verhältnisse derselben vor aller Erfahrung enthaltenkönne.Wir können demnach nur aus dem Standpunkte eines Menschen vomRaum, von ausgedehnten Wesen etc. reden. Gehen wir von der subjectivenBedingung ab, unter welcher wir allein äußere Anschauung bekommenkönnen, so wie wir nämlich von den Gegenständen afficirt werdenmögen, so bedeutet die Vorstellung vom Raume gar nichts. Dieses Prädicatwird den Dingen nur in so fern beigelegt, als sie uns erscheinen,d. i. Gegenstände der Sinnlichkeit sind. Die beständige Form dieser Receptivität,welche wir Sinnlichkeit nennen, ist eine nothwendige Bedingungaller Verhältnisse, darin Gegenstände als außer uns angeschauet werden,und wenn man von diesen Gegenständen abstrahirt , eine reine Anschauung,welche den Namen Raum führt. Weil wir die besonderen Bedingungender Sinnlichkeit nicht zu Bedingungen der Möglichkeit der Sachen,sondern nur ihrer Erscheinungen machen können, so können wir wohlsagen, daß der Raum alle Dinge befasse, die uns äußerlich erscheinenmögen, aber nicht alle Dinge an sich selbst, sie mögen nun angeschautwerden oder nicht, oder auch von welchem Subject man wolle. Denn wirkönnen von den Anschauungen anderer denkenden Wesen gar nicht urtheilen,ob sie an die nämlichen Bedingungen gebunden seien, welche unsereAnschauung einschränken und für uns allgemein gültig sind. Wenn wirdie Einschränkung eines Urtheils zum Begriff des Subjects hinzufügen,so gilt das Urtheil alsdann unbedingt. Der Satz: Alle Dinge sind nebeneinander im Raum, gilt unter der Einschränkung, wenn diese Dinge alsGegenstände unserer sinnlichen Anschauung genommen werden. Füge ichhier die Bedingung zum Begriffe und sage: Alle Dinge als äußere Erscheinungensind neben einander im Raum, so gilt diese Regel allgemeinund ohne Einschränkung. Unsere Erörterungen lehren demnach die Realität(d. i. die objective Gültigkeit) des Raumes in Ansehung allesdessen, was äußerlich als Gegenstand uns vorkommen kann, aber zugleichdie Idealität des Raums in Ansehung der Dinge, wenn sie durch dieVernunft an sich selbst erwogen werden, d. i. ohne Rücksicht auf die Beschaffenheitunserer Sinnlichkeit zu nehmen. Wir behaupten also die empirischeRealität des Raumes (in Ansehung aller möglichen äußerenErfahrung), obzwar die transscendentale Idealität desselben, d. i.daß er Nichts sei, so bald wir die Bedingung der Möglichkeit aller Erfahrungweglassen und ihn als etwas, was den Dingen an sich selbst zumGrunde liegt, annehmen.Es giebt aber auch außer dem Raum keine andere subjective und aufetwas Äußeres bezogene Vorstellung, die a priori objectiv heißen könnte.Denn man kann von keiner derselben synthetische Sätze a priori, wie vonder Anschauung im Raume herleiten (§ 3). Daher ihnen, genau zu reden,gar keine Idealität zukommt, ob sie gleich darin mit der Vorstellung desRaumes übereinkommen, daß sie bloß zur subjectiven Beschaffenheit derSinnesart gehören, z. B. des Gesichts, Gehörs, Gefühls, durch die Empfindungender Farben, Töne und Wärme, die aber, weil sie bloß Empfindungenund nicht Anschauungen sind, an sich kein Object, am wenigstena priori erkennen lassen.Die Absicht dieser Anmerkung geht nur dahin: zu verhüten, daß mandie behauptete Idealität des Raumes nicht durch bei weitem unzulänglicheBeispiele zu erläutern sich einfallen lasse, da nämlich etwa Farben, Geschmacketc. mit Recht nicht als Beschaffenheiten der Dinge, sondern bloß alsVeränderungen unseres Subjects, die sogar bei verschiedenen Menschenverschieden sein können, betrachtet werden. Denn in diesem Falle gilt das,was ursprünglich selbst nur Erscheinung ist, z. B. eine Rose, im empirischenVerstande für ein Ding an sich selbst, welches doch jedem Auge inAnsehung der Farbe anders erscheinen kann. Dagegen ist der transscendentaleBegriff der Erscheinungen im Raume eine kritische Erinnerung,daß überhaupt nichts, was im Raume angeschaut wird, eine Sachean sich, noch daß der Raum eine Form der Dinge sei, die ihnen etwa ansich selbst eigen wäre, sondern daß uns die Gegenstände an sich gar nichtbekannt seien, und, was wir äußere Gegenstände nennen, nichts andersals bloße Vorstellungen unserer Sinnlichkeit seien, deren Form der Raumist, deren wahres Correlatum aber, d. i. das Ding an sich selbst, dadurchgar nicht erkannt wird, noch erkannt werden kann, nach welchem aber auchin der Erfahrung niemals gefragt wird.
Traducción de José del Perojo, Madrid, Gaspar, 1883, t. I, págs. 189–197. Transcrito del facsímil (Internet Archive), ortografía de 1883. Dominio público. Notas del traductor omitidas. Fuente
Mediante el sentido externo (propiedad de nuestro espíritu) nos representamos objetos exteriores á nosotros y como reunidos en el Espacio.En el Espacio, pues, están determinadas ó son determinables la figura, tamaño y relaciones respectivas de tales objetos.El sentido interno, por medio del cual el espíritu se contempla á sí mismo ó sus estados interiores, no nos da en verdad ninguna intuicion del alma misma como objeto; pero es, sin embargo, una forma determinada, bajo la que sólo es posible la intuicion de su estado interno; de tal modo que todo lo que pertenece á determinaciones interiores es representado en relaciones de Tiempo.Así como el Tiempo no puede ser percibido exteriormente, tampoco el Espacio es susceptible de ser considerado como algo interior en nosotros.¿Qué son, pues, Tiempo y Espacio?¿Son séres reales?¿Son solamente determinaciones ó relaciones de las cosas, que, sin embargo, pertenecerian tambien á las cosas en sí, aunque no fueran percibidas?¿O son de tal naturaleza que sólo pertenecen á la forma de la intuicion, y, por consiguiente, á la cualidad subjetiva de nuestro espíritu, sin la cual estos predicados no podrian nunca ser atribuidos á cosa alguna?Para obtener una respuesta expondremos primeramente el concepto de Espacio.Yo entiendo por exposicion la clara representacion (aunque no sea extensa) de lo que pertenece á un concepto; la exposicion es metafísica cuando contiene lo que el concepto presenta como dado á priori.
1.) El Espacio no es un concepto empírico derivado de experiencias externas, porque, para que ciertas sensaciones se refieran á alguna cosa fuera de mí (es decir, á algo que se encuentra en otro lugar del Espacio que en el que yo me hallo) y para que yo pueda representarme las cosas como exteriores y juntas las unas con las otras, y, por consiguiente, no sólo diferentes, sino tambien en diferentes lugares, debe existir ya en principio la representacion del Espacio.De aquí se infiere que la representacion del Espacio no puede ser adquirida por la experiencia de las relaciones del fenómeno externo, sino que, al contrario, dicha experiencia externa sólo es posible por esta representacion.
2.) El Espacio es una representacion necesaria á priori, que sirve de fundamento á todas las intuiciones externas.Es imposible concebir que no existe Espacio, aunque se le puede pensar sin que contenga objeto alguno.Se considerará, pues, al Espacio como la condicion de posibilidad de los fenómenos y no como una determinacion dependiente de ellos: es una representacion á priori, fundamento necesario de los fenómenos externos.
3.) El Espacio no es ningun concepto discursivo, ó como se dice, un concepto general de las relaciones de las cosas, sino una intuicion pura.En efecto, no puede representarse más que un sólo Espacio, y cuando se habla de muchos, se entiende sólo en ellos las partes de un mismo y único Espacio.Estas partes sólo se conciben en el Espacio uno y omnicomprensivo, sin que le puedan preceder cual si fueran sus elementos (cuya composicion fuera posible en un todo).El Espacio es esencialmente uno; la variedad que en él hallamos, y, por consiguiente, el concepto universal de Espacio en general, se fundan únicamente en limitaciones.De aquí se sigue que lo que sirve de base á todos los conceptos que tenemos del Espacio es una intuicion á priori (que no es empírica).Lo mismo acontece con los principios geométricos, como cuando decimos, por ejemplo: juntas las dos partes de un triángulo son más grandes que la tercera, cuya certeza apodíctica no procede de los conceptos generales de línea y triángulo, sino de una intuicion á priori.
4.° El Espacio es representado como un quantum infinito dado.Es necesario considerar todo concepto como una representacion contenida en una multitud infinita de representaciones distintas (de las cuales es espresion comun); pero ningun concepto como tal, contiene en sí una multitud infinita de representaciones.Sin embargo, así concebimos el Espacio (pues todas sus partes coexisten en el infinito).La primitiva representacion del Espacio es, pues, una intuicion á priori y no un concepto.
Entiendo por exposicion trascendental, la esplicacion de un concepto, como principio que puede mostrar la posibilidad de otros conocimientos sintéticos á priori.Para ello se supone, 1.° que realmente emanen del concepto dado tales conocimientos; 2.° que estos conocimientos son sólo posibles por la explicacion de este concepto.La Geometría es una ciencia que determina sintéticamente, y, sin embargo á priori, las propiedades del Espacio.¿Qué debe, pues, ser la representacion del Espacio para que tal conocimiento sea posible?Debe ser primeramente, una intuicion; puesto que de un simple concepto, no pueden resultar proposiciones que sobrepasan los límites del mismo concepto, que es lo que, sin embargo, ocurre en la Geometría (Introduccion V). Mas esta intuicion debe hallarse en nosotros á priori, es decir, ántes de toda percepcion de un objeto; debiendo ser, por consiguiente, una intuicion pura y no empírica.Porque todas las proposiciones geométricas son apodícticas, es decir, implican la conciencia de su necesidad; como, por ejemplo: el Espacio no tiene más que tres dimensiones.Semejantes principios no pueden ser empíricos, ni juicios experimentales, ni derivados de la Experiencia (Introduccion II).¿Cómo se halla, pues, en el espíritu una intuicion externa anterior á los mismos objetos y en la cual el concepto de estos objetos puede ser determinado á priori?Evidentemente sólo en tanto que ella está en el sujeto como su propiedad formal ser de afectado por los objetos, y de recibir así la representacion inmediata de los mismos, es decir, la intuicion, por consiguiente, como forma del sentido exterior en general.Solamente nuestra explicacion hace, pues, comprensible la posibilidad de la Geometría como un conocimiento sintético á priori.Toda explicacion que no nos dé cuenta de esto, por más que tenga en apariencia gran semejanza con la nuestra, puede ser siempre distinguida por esa segurísima señal.
(a) El Espacio no representa ninguna propiedad de las cosas, ya se las considere en sí mismas, ó en sus relaciones entre sí, es decir, ninguna determinacion que dependa de los objetos mismos y que permanezca en ellos si se hace abstraccion de todas las condiciones subjetivas de la intuicion; porque ni las determinaciones absolutas, ni las relativas pueden ser percibidas antes de la existencia de las cosas á que pertenecen, y por consiguiente á priori.
(b) El Espacio no es más que la forma de los fenómenos de los sentidos externos, es decir, la única condicion subjetiva de la sensibilidad, mediante la que nos es posible la intuicion externa.Y como la propiedad del sujeto de ser afectado por las cosas precede necesariamente á todas las intuiciones de ellas, se comprende fácilmente que la forma de todos los fenómenos puede hallarse dada en el espíritu ántes de toda percepcion real y, por consiguiente, á priori.Pero como además tiene la cualidad de ser intuicion pura, en la que todos los objetos deben ser determinados, puede contener, ántes de toda experiencia, los principios de sus relaciones.No podemos, pues, hablar de Espacio, de séres extensos, etc., nada más que desde el punto de vista del hombre.Nada significa la representacion del Espacio, si salimos de la condicion subjetiva, bajo la que únicamente podemos recibir la intuicion externa, es decir, ser afectados por los objetos.Este predicado sólo conviene á las cosas, en tanto que nos aparecen, es decir, que son objetos de la sensibilidad.La forma constante de esta receptibidad, que llamamos sensibilidad, es la condicion necesaria de todas las relaciones, las cuales percibimos los objetos como exteriores á nosotros; y si dicha forma se abstrae de los objetos, es una intuicion pura la que toma el nombre de Espacio.Como las condiciones particulares de la sensibilidad no son las condiciones de la posibilidad de las cosas mismas, sino solamente las de sus fenómenos, bien podemos decir que el Espacio comprende todas las cosas que nos aparecen exteriormente; pero no todas las cosas en sí mismas, puedan ó no ser percibidas y sea el que quiera el sujeto que las perciba; pues de ningun modo nos es posible juzgar las intuiciones de los otros séres pensantes, ni saber si se hallan sujetas á las mismas condiciones que limitan nuestras intuiciones, y que tienen para nosotros un valor universal.Si añadimos al concepto del sujeto la restriccion de un juicio, el juicio es entónces incondicionado.La proposicion: «Todas las cosas están juxtapuestas en el Espacio;» vale bajo esta restriccion: si estas cosas son tomadas como objetos de nuestra intuicion sensible.Si yo añado aquí la condicion al concepto y digo: Todas las cosas, como fenómenos externos, están juxtapuestas en el Espacio; vale entónces esta regla universalmente y sin restriccion alguna.Muestra, pues, nuestra exposicion la realidad (es decir, el valor objetivo del Espacio en relacion con todo aquello que puede presentársenos exteriormente como objeto; pero al mismo tiempo tambien, la idealidad del Espacio en relacion á las cosas consideradas en sí mismas por la Razon, es decir, sin atender á la naturaleza de nuestra sensibilidad.Afirmamos, pues, la realidad empírica del Espacio en relacion á toda experiencia externa posible; pero reconocemos tambien la idealidad trascendental del mismo, es decir, su no existencia, desde el momento en que abandonamos las condiciones de posibilidad de toda experiencia y le creemos algo que sirve de fundamento á las cosas en sí.Además, exceptuando el Espacio, no existe representacion alguna subjetiva referente á algo exterior que pueda llamarse objetiva á priori, porque de ninguna de ellas pueden derivarse proposiciones sintéticas á priori, como sucede con la intuicion del Espacio (§.3). Ninguna idealidad, para hablar exactamente, les pertenece, aunque conformen con la representacion del Espacio en depender únicamente de la naturaleza subjetiva sentido, como por ejemplo: del oido, de la vista, del tacto, por las sensaciones de sonido, color y calor; pero estas sensaciones no son susceptibles de dar á conocer á priori las cosas en sí mismas, porque son simples sensaciones y no intuiciones.Esta observacion sólo tiene por objeto evitar que se explique la idealidad afirmada del Espacio por comparaciones insuficientes, como por el color, sabor, etc., todo lo cual es considerado con razon, no como cualidades de las cosas, sino solamente como modificaciones subjetivas que pueden variar de individuo á individuo.En este caso, lo que en su orígen es un simple fenómeno, por ejemplo: una rosa, vale en el sentido empírico como una cosa en sí, que puede, sin embargo, aparecer á cada ojo de una manera diferente en color.Al contrario, el concepto trascendental de los fenómenos en el Espacio nos sugiere la observacion crítica de que nada de lo que es percibido en el Espacio es una cosa en sí, y que tampoco es el Espacio una forma de las cosas consideradas en sí mismas, sino que las cosas que nos son desconocidas en sí mismas que llamamos objetos externos son simples representaciones de nuestra sensibilidad, cuya forma es el Espacio, pero cuyo verdadero correlativo, esto es, la cosa en sí nos es totalmente desconocida, y lo será siempre por ese medio; mas por ella no se pregunta nunca en la Experiencia.

