El tiempo no es algo que usted haya aprendido

Vacíe el tiempo. Eso sí puede hacerlo: puede imaginar un tramo de tiempo en el que no ocurra nada, y Kant lo dice expresamente: podemos muy bien pensar el tiempo vacío de fenómenos. Ahora pruebe en la otra dirección. Intente suprimir el tiempo y conservar el resto.

Ni siquiera puede empezar a intentarlo. El intento lleva un instante, y luego otro. La imagen que usted está formando se forma en secuencia. Haga lo que haga para librarse del tiempo, ocurre en él.

La última vez hicimos el mismo experimento con una habitación vacía. Quite los muebles, el edificio, el cielo, todos los objetos del universo, y el espacio se niega obstinadamente a irse con ellos. Kant tomó ese pequeño fallo de la imaginación como prueba y concluyó que el espacio es algo que usted aporta, no algo que encuentra. Aquí está la segunda de las dos formas. No aquella en la que usted ve las cosas. Aquella en la que usted vive. Y aquí el experimento fracasa con más fuerza, porque con el tiempo ni siquiera puede usted salir lo bastante afuera como para intentarlo.

Y fíjese en por qué no se trata de una mera rareza psicológica. Supongamos que quisiera usted sostener que aprendemos el tiempo viendo ocurrir cosas —primero esto, luego aquello— y que, con el tiempo, abstraemos la idea de «después». La respuesta de Kant ocupa una sola frase y es muy difícil de esquivar: usted no podría haber advertido que una cosa vino después de otra si no tuviera ya el tiempo en el que advertirlo. La sucesión no es algo que le entregue la percepción. Es la forma que la percepción ya tiene.

Esta es la tesis, dicha sin rodeos antes de que nos la hayamos ganado: el tiempo no es algo a través de lo cual usted se mueve. Es la forma que tiene su propia vida interior. El resto de este texto es el argumento.

El tiempo no es algo que usted haya aprendido
El argumento de las cosas que no se quedan quietas

Para el espacio, el gran movimiento de Kant fue la geometría: funciona, no pudo proceder de la experiencia y, por tanto, el espacio es algo que está en usted. Para el tiempo tenía un camino más corto, y lo dice casi disculpándose: ya había metido la parte importante en los argumentos anteriores, así que aquí solo añade una cosa más.

Esa cosa más es el cambio.

Ponga una taza en el lado izquierdo del escritorio. Ahora muévala a la derecha. Ha ocurrido algo perfectamente corriente y, si lo escribe con cuidado, es una contradicción lisa y llana:

Ejemplo: la taza que está y no está

La taza está en el lado izquierdo del escritorio.
La taza no está en el lado izquierdo del escritorio.

Ambas cosas son verdaderas de la misma taza. Tomadas juntas, no constituyen una tesis difícil, sino una tesis rota. Por mucho que se piense en tazas, escritorios o lugares, no se conseguirá que cuadre, porque no hay nada en ninguna de esas ideas que permita a una cosa tener y no tener a la vez la misma propiedad.

Añada unas pocas palabras y no solo queda resuelto, sino que resulta obvio: una después de la otra.

$$ \text{Change} \quad = \quad \underbrace{\quad \text{One thing} \quad}_{\text{the same cup}} \quad + \quad \underbrace{\quad \text{Opposite predicates} \quad}_{\substack{\text{on the left /} \\ \text{not on the left} }} \quad + \quad \underbrace{\quad \text{Time} \quad}_{\textit{one after the other}} $$

Ese es todo el argumento, y merece la pena ver lo poco que necesita. Kant no dice que el tiempo legalice las contradicciones. Dice que la sucesión es lo único en el mundo que disuelve esta en concreto, y la sucesión no es algo que se pueda obtener de una definición. No se puede derivar un «y después» de ningún concepto. Hay que tener ya el antes y el después, desplegados, disponibles, de antemano.

Así que cada vez que algo se mueve —cada vaso que se cae, cada página que se pasa, la física entera— usted está confiando en algo que nunca aprendió. Kant lo llama la doctrina general del movimiento, y lo que quiere decir es que solo tiene sentido porque el tiempo ya estaba ahí para dárselo.

Una nota para quien lea las columnas originales: esta sección no existe en la edición de 1781. Kant la escribió seis años después. El panel alemán de A pasa directamente del último argumento numerado a las conclusiones, y no falta nada: simplemente, todavía no había nada ahí.

El argumento de las cosas que no se quedan quietas
Por qué hay que dibujar una línea

Aquí es donde Kant dice qué es el tiempo, y la respuesta no es «una dimensión» ni «una medida». El tiempo es la forma del sentido interno: la forma que tiene su propia vida interior cuando usted la mira.

Lo cual suena abstracto hasta que uno advierte el problema que crea, y cómo lo resuelve Kant.

El espacio le da figuras. Señale algo y estará señalando una figura con bordes, un tamaño, una posición. El sentido interno no le da nada parecido. Sus pensamientos no tienen contorno. Su estado de ánimo no tiene una forma concreta. No hay nada ahí que mirar y, sin embargo, hay evidentemente un orden: una cosa después de otra, todo el día.

Así que hacemos trampa. Kant dice que suplimos la figura que falta tomando una prestada: imaginamos el tiempo como una línea que se prolonga hasta el infinito, una sola fila, una única dimensión. Usted lo ha hecho. Todo el mundo lo ha hecho: la línea de tiempo, la tira del calendario, la barra que se llena mientras suena la canción. Razonamos sobre el tiempo razonando sobre esa línea.

Y entonces añade la frase que hace honesta toda la analogía:

«…de las propiedades de esta línea inferimos todas las propiedades del tiempo, con la única excepción de que las partes de la línea son simultáneas, mientras que las partes del tiempo son siempre sucesivas».

Léalo dos veces. La línea nos da todo —orden, dirección, una sola dimensión, ningún hueco— excepto el único rasgo que hace de una línea una línea. Las partes de una línea están todas ahí a la vez. Eso es lo que permite verla. Las partes del tiempo nunca están todas ahí a la vez; eso es lo que lo hace tiempo. La imagen funciona precisamente porque se equivoca en lo esencial.

Kant convierte incluso el préstamo en una prueba. Si tenemos que dibujar el tiempo para pensarlo, y si toda relación en el tiempo puede exponerse como una relación en una imagen externa, entonces la representación del tiempo no es en absoluto una idea general. Las ideas no necesitan diagramas. El tiempo necesita uno, porque es algo que tenemos, no algo que definimos.

Por qué hay que dibujar una línea
El espacio tiene un afuera. El tiempo no.

La tercera conclusión es la que hay que llevarse, y es donde las dos mitades de la estética dejan de ser simétricas.

El espacio, dice Kant, es la forma del sentido externo, y eso es un límite real. Mucho de lo que usted tenga hoy no estará en ningún lugar concreto. Una preocupación no está un metro a la izquierda. Una melodía que se le ha quedado en la cabeza no tiene coordenadas. El arrepentimiento no tiene tamaño. El espacio rige el mundo que usted mira, y el mundo que usted mira es solo una parte de lo que hay.

El tiempo no tiene ese borde. Toda representación que usted tenga —las que tratan de cosas externas y las que no tratan de nada externo en absoluto— es, como dice Kant, una determinación del espíritu y, por tanto, pertenece a su estado interno. Y su estado interno funciona en el tiempo. Así que el tiempo lo abarca todo: directamente, toda la vida interior; y luego, por la misma vía, también todo lo externo, porque ver un edificio es también algo que ocurre en usted.

«Todos los fenómenos en general, es decir, todos los objetos de los sentidos, están en el tiempo y se hallan necesariamente en relaciones temporales».

Usted puede salir de una habitación. No puede salir de un instante, y la razón no es que el tiempo sea muy grande. Es que salir requeriría a su vez tiempo. No hay ningún punto de observación, porque el mirar está hecho de la misma materia que lo mirado.

Luego Kant dice lo que siempre suena a retractación y no lo es. El tiempo es empíricamente real: nunca se le dará nada que escape a él, ni un solo objeto, jamás. Y el tiempo es trascendentalmente ideal: reste las condiciones de que usted tenga experiencia alguna, pregúntese qué es el tiempo al margen de cualquier posible sujeto de experiencia, y la respuesta es: nada. Ni un río lento. Ni un escenario vacío. Nada.

Aquí, como con el espacio, tiene cuidado de bloquear la versión barata de esto. No se trata de que el tiempo «pase más deprisa cuando uno está ocupado». Los colores y los sabores son subjetivos en ese sentido corriente, y Kant rechaza explícitamente la analogía: son variaciones privadas sobre un objeto que ya se presupone ahí. Su tesis se sitúa un piso más abajo: no que su lectura del reloj sea suya, sino que lo sea el hecho mismo de que haya un orden de reloj.

Lo cual desemboca en algo curiosamente tranquilizador. Que usted tenga una vida que ocurre en secuencia —esto, luego aquello, y sin vuelta atrás— no es un hecho del universo en el que usted se vea atrapado por casualidad. Es la forma de su propia sensibilidad. Y precisamente por eso nada de lo que le ocurra quedará jamás fuera de ella.

A continuación: Kant oyó la objeción. Pero los cambios son reales: puedo observar cómo cambian mis propias representaciones, así que el tiempo tiene que ser algo más que una forma mía. El §7 es su respuesta, y el §8 es donde deja de argumentar a favor del idealismo trascendental y empieza a defenderlo.

El espacio tiene un afuera. El tiempo no.
Guía visual C1: Sección II. El tiempo — las exposiciones y las tres conclusiones

La sección II de la estética trascendental al completo: los cinco argumentos de que el tiempo es una intuición a priori, la exposición trascendental de cuatro frases que Kant añadió en 1787 y las tres conclusiones que hacen del tiempo la condición de todo, no solo del mundo exterior a usted. Allí donde difieren las ediciones de 1781 y 1787, se cartografían ambas.


§4 — Los cinco argumentos

La segunda entrada trató la primera de las dos formas puras de la intuición sensible de Kant. Esta es la segunda, y hace funcionar la misma maquinaria sobre un concepto distinto: una exposición metafísica que pregunta ¿qué clase de representación es esta?, después una exposición trascendental que pregunta ¿qué hace posible el tenerla?, y después las conclusiones. Ambos términos se definieron en la segunda entrada; no se vuelven a definir aquí.

Hay una cosa distinta desde el principio. La sección I se abría con un párrafo de presentación —sentido externo, sentido interno y la pregunta de Kant ¿Qué son, pues, el espacio y el tiempo?—. La sección II no tiene preámbulo alguno. Termina el título y empieza el argumento 1.

La exposición metafísica del tiempo, argumento por argumento:
# Tesis El movimiento Establece
1 El tiempo no es un concepto empírico extraído de alguna experiencia Para advertir que dos cosas son simultáneas, o que una siguió a la otra, ha de tener usted ya el tiempo. De otro modo, ni la simultaneidad ni la sucesión «entrarían en nuestra percepción». Así que el tiempo no es un resultado de la experiencia: es lo que permite que la experiencia tenga un orden. a priori
2 El tiempo es una representación necesaria que sirve de base a todas las intuiciones Se pueden sacar los fenómenos del tiempo, pensar el tiempo como vacío. No se puede sacar el tiempo de los fenómenos. Todos ellos pueden desvanecerse; el tiempo no puede suprimirse. a priori
3 En esta necesidad se basan los axiomas apodícticos del tiempo El tiempo solo tiene una dimensión. Los distintos tiempos no son simultáneos, sino sucesivos. La experiencia solo podría informar de lo que se ha observado hasta ahora; no puede proporcionar un «tiene que ser así». Estos principios son reglas que hacen posible la experiencia, y «nos instruyen antes de la experiencia, no mediante ella». a priori
4 El tiempo no es un concepto discursivo, sino una forma pura de la intuición sensible Los distintos tiempos no son instancias del tiempo: son partes de un mismo y único tiempo. Una representación que solo puede darse mediante un único objeto es una intuición. Y «tiempos distintos no pueden ser simultáneos» es una proposición sintética, por lo que no puede extraerse de conceptos. intuición
5 La infinitud del tiempo Todo tramo determinado de tiempo es una limitación de un único tiempo subyacente, de modo que la representación originaria ha de estar dada como ilimitada. Los conceptos solo contienen representaciones parciales; un todo que está dado antes que sus partes no puede ser un concepto. intuición

Tres argumentos a favor de lo a priori, dos a favor de la intuición. El reparto del trabajo es el mismo que en la sección del espacio, que tenía dos y dos.

El argumento 3 es una pieza de carga, y Kant lo dice más adelante

Vuelva a leer el argumento 3 y fíjese en lo que realmente es: la tesis de que existe un cuerpo de conocimiento necesario y no empírico sobre el tiempo. Ese es exactamente el tipo de hecho que una exposición trascendental debe explicar, y Kant lo colocó aquí, dentro de la exposición metafísica, en lugar de reservarlo. Lo admite en el §5, y por eso el §5 tiene solo cuatro frases. Retenga esto hasta la sección siguiente.

§5 — La exposición trascendental (nueva en 1787)

Para el espacio, el §3 ocupaba una página y toda una ciencia aparte: la geometría funciona; por lo tanto, el espacio ha de ser una intuición pura. Para el tiempo, Kant empieza declinando hacerlo de nuevo.

«Puedo remitir aquí al n.º 3, donde, en aras de la brevedad, he colocado bajo el título de exposición metafísica lo que propiamente es trascendental».

El trabajo trascendental ya está hecho: los axiomas del tiempo son el conocimiento sintético a priori que necesita explicación. Así que el §5 añade exactamente un elemento nuevo, y es un elemento extraño y poderoso: el cambio.

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  A["La alteración es real 
una cosa llega a ser lo que no era"] --> D["Alterarse es combinar
predicados CONTRADICTORIOS
en un mismo objeto"] D --> X["estar en un lugar
Y
no estar en ese mismo lugar"] X -->|"como mera combinación
es una contradicción lisa y llana"| N["Ningún concepto, sea el que sea,
puede hacer comprensible la alteración"] X -->|"pero si se ponen ambos
UNO DESPUÉS DEL OTRO"| T["pueden encontrarse ambos
en la misma cosa"] T --> I["La sucesión no la da un concepto.
Solo se da en la
INTUICIÓN A PRIORI DEL TIEMPO"] N --> I I --> C["Por tanto, el concepto del tiempo explica
la posibilidad de la doctrina
general del movimiento"]

El eje es la expresión nach einander: uno después del otro. Kant no quiere decir que el tiempo haga aceptables las contradicciones; quiere decir que la sucesión es lo único que disuelve esta en concreto, y la sucesión no es algo que pueda proporcionar un concepto. El movimiento —alteración de lugar— es entonces simplemente el caso más llamativo, y por eso la doctrina del movimiento se desprende de ahí.

Esta sección no figura en la edición de 1781: tiene paginación B (B48–B49) y ninguna paginación A, porque no hay texto A que paginar, y en los paneles C0 la columna alemana de A pasa directamente del argumento 5 a las conclusiones. Conviene, no obstante, ser precisos sobre lo que es nuevo. La sección es nueva, el título es nuevo y el argumento de la alteración y el movimiento es nuevo; la palabra Veränderung no aparece en ningún lugar de la sección del tiempo de A antes de la Erläuterung. Pero el material al que remite Kant —el argumento 3, los axiomas del tiempo, la parte que llama «propiamente trascendental»— ya estaba en A en 1781, palabra por palabra. B no añadió aquí el contenido trascendental. Le dio un nombre y un caso más.

Conclusión (a): el tiempo no está ahí fuera

Hay dos candidatos sobre la mesa, y (a) elimina ambos: el tiempo como algo subsistente por sí mismo (el tiempo absoluto de Newton, que seguiría transcurriendo en un universo vacío) y el tiempo como algo inherente a las cosas, como determinación u orden objetivo (el tiempo relacional de Leibniz).

P1. Si el tiempo fuera subsistente por sí mismo, sería «algo que sería real y, sin embargo, no un objeto real»: real sin ser nada.

P2. Si el tiempo fuera una determinación u orden inherente a las cosas, no podría preceder a esas cosas como su condición, ni ser conocido e intuido a priori mediante proposiciones sintéticas.

P3. Pero sí se conoce así: eso es lo que estableció el argumento 3 del §4.

∴ El tiempo no es más que la condición subjetiva bajo la cual pueden tener lugar en nosotros todas las intuiciones. Y por ello —y solo por ello— la forma de la intuición interna puede representarse antes que los objetos, es decir, a priori.

P2 es la misma bisagra que hizo el trabajo en la conclusión (a) del espacio: nada que usted pueda tener antes del objeto puede proceder del objeto. Kant la reutiliza deliberadamente; las dos secciones están construidas según el mismo plan.

Conclusión (b): el tiempo es la forma del sentido interno

Sentido interno (innerer Sinn): el modo en que el espíritu se intuye a sí mismo y su propio estado interno. No es un sexto sentido orientado al mundo, ni la introspección como pasatiempo: es el mero hecho de que sus representaciones se le presentan a usted en un orden. Mientras el sentido externo proporciona objetos fuera de usted, el sentido interno le proporciona a usted mismo, a lo largo del tiempo.

El argumento de Kant aquí es breve y negativo. El tiempo no es una determinación de los fenómenos externos: no pertenece a ninguna figura, a ninguna posición, a nada que se pueda señalar. Lo que sí determina es la relación de las representaciones en nuestro estado interno. Por lo tanto, es la forma de eso.

La línea: una analogía exacta salvo en un punto

Luego viene uno de los movimientos más citados del libro, y su razón de ser es un problema: la intuición interna no da ninguna figura. No hay nada que dibujar. Así que, dice Kant, suplimos esa carencia tomando prestada una figura de la intuición externa: representamos la serie temporal como una línea que se prolonga hasta el infinito y leemos las propiedades del tiempo en las de la línea.

Tiene cuidado de decir dónde termina el préstamo:

$$ \underbrace{\text{a line}}_{\textit{parts are simultaneous}} \;\;\xrightarrow{\;\;\text{every property except one}\;\;}\;\; \underbrace{\text{time}}_{\textit{parts are always successive}} $$

Todas las propiedades de la línea se transfieren al tiempo salvo la única que hace de una línea una línea: que sus partes existan todas a la vez. Y Kant extrae una conclusión del préstamo mismo, no solo de lo que proporciona: el hecho de que todas las relaciones del tiempo puedan expresarse en una intuición externa es una prueba más de que la representación del tiempo es ella misma una intuición y no un concepto. Un concepto no necesitaría una imagen.

Conclusión (c): la tesis que hace al tiempo más amplio que el espacio

Esta es la conclusión que no tiene equivalente en la sección I, y es la razón por la que es el tiempo, y no el espacio, el que sostiene el resto de la Crítica.

P1. El espacio, como forma pura de toda intuición externa, está restringido, como condición a priori, únicamente a los fenómenos externos.

P2. Pero todas las representaciones —tengan o no por objeto cosas externas— pertenecen en sí mismas, como determinaciones del espíritu, al estado interno.

P3. El estado interno está sometido a la condición formal de la intuición interna, que es el tiempo.

∴ El tiempo es una condición a priori de todo fenómeno en general: la condición inmediata de los fenómenos internos y, precisamente por esa vía, también la condición mediata de los externos.

Alcance de las dos formas:
Espacio Tiempo
Forma del sentido externo sentido interno
Se aplica a los fenómenos externos todos los fenómenos
Cómo directamente, y solo ahí directamente a los internos; mediatamente a los externos, porque toda percepción de una cosa externa es también un estado de su espíritu
¿Se le escapa algo? sí: un pensamiento, un estado de ánimo, una decisión no están en ningún lugar concreto no: no hay nada en usted que no esté en el tiempo

La asimetría es del propio Kant, en sus propias palabras: el espacio como condición a priori está «restringido únicamente a los fenómenos externos» —bloß auf äußere Erscheinungen eingeschränkt—, mientras que «todos los fenómenos en general, es decir, todos los objetos de los sentidos, están en el tiempo y se hallan necesariamente en relaciones temporales». La fórmula abreviada es mía, no suya: el espacio tiene un afuera; el tiempo no tiene ninguno.

Esta es la tesis que la analítica hará valer; se trata de una referencia anticipada, no de parte del §6. Cuando Kant llega a mostrar cómo los conceptos puros del entendimiento pueden aplicarse a objetos, el puente que construye es el esquema, y allí un esquema se define como una determinación trascendental del tiempo (A138/B177). Tiene que ser el tiempo. El tiempo es la única forma que lo alcanza todo.

Realidad empírica e idealidad trascendental, por segunda vez

La sección se cierra con el mismo par que la segunda entrada encontró para el espacio, y Kant indica explícitamente que el lector debe mirar atrás: la frase final remite a «la observación anterior de la sección precedente», que es el último párrafo de los paneles C0 del espacio.

El par, aplicado al tiempo:
Tesis Lo que excluye
Realidad empírica El tiempo es objetivamente válido para todo objeto que pueda llegar a darse a nuestros sentidos. Puesto que nuestra intuición es siempre sensible, nunca puede darse en la experiencia un objeto que no caiga bajo él. Que el tiempo sea un sueño, una ilusión o una distorsión privada
Idealidad trascendental Si se hace abstracción de las condiciones subjetivas de la intuición sensible, el tiempo no es nada en absoluto: no puede atribuirse a las cosas en sí ni como subsistente en ellas ni como inherente a ellas. Que el tiempo sea un río en el que flota el mundo, haya o no alguien ahí

Y, como en el caso del espacio, Kant bloquea de antemano la lectura fácil y obvia. Esta idealidad no debe ilustrarse por analogía con la sensación, con el modo en que un color o un sabor son «subjetivos». Esas analogías suponen que el fenómeno mismo tiene realidad objetiva y que solo sus predicados sensibles son privados. La tesis de Kant se sitúa un nivel por debajo de eso, y remite al lector a la misma advertencia de la sección I.

Lo que realmente cambió entre 1781 y 1787

La segunda entrada tuvo que advertir de que las ediciones divergen de verdad en la sección I: cinco argumentos numerados en A frente a cuatro en B, y ningún §3 en 1781. Llegar aquí esperando más de lo mismo sería un error.

Sección II: A 1781 frente a B 1787:
A (1781) B (1787)
cinco argumentos numerados los mismos cinco, en el mismo orden
ningún número de sección en toda la estética numerados §4, §5, §6
— nada aquí — §5, la exposición trascendental: completamente nueva
Schlüsse a) b) c) las mismas tres, en el mismo orden
se cierra con la realidad empírica y la idealidad trascendental el mismo cierre

Dentro de los cinco argumentos hay exactamente una reescritura que merece la pena leer. En el argumento 5, el paréntesis de 1781 explica que un todo no puede darse mediante conceptos porque en los conceptos «las representaciones parciales van primero»; 1787 lo sustituye por «pues estos solo contienen representaciones parciales». Una tesis de orden se convierte en una tesis de contención: la misma corrección que B hizo al argumento de la infinitud en la sección del espacio. Todo lo demás es énfasis, puntuación y ortografía: blos → bloß, so fern → sofern, streiten → bestreiten.

Así pues, los seis años entre ambas ediciones produjeron, en esta sección, un párrafo nuevo y un paréntesis más ajustado. Kant no creía que la sección II necesitara ser rescatada.

German A-Edition (1781): Von der Zeit — die fünf Argumente und die Schlüsse

1) Die Zeit ist kein empirischer Begriff, der irgend von einer Erfahrungabgezogen worden. Denn das Zugleichsein oder Aufeinanderfolgenwürde selbst nicht in die Wahrnehmung kommen, wenn die Vorstellungder Zeit nicht a priori zum Grunde läge. Nur unter deren Voraussetzungkann man sich vorstellen: daß einiges zu einer und derselben Zeit (zugleich)oder in verschiedenen Zeiten (nach einander) sei.

2) Die Zeit ist eine nothwendige Vorstellung, die allen Anschauungenzum Grunde liegt. Man kann in Ansehung der Erscheinungen überhauptdie Zeit selbst nicht aufheben, ob man zwar ganz wohl die Erscheinungenaus der Zeit wegnehmen kann. Die Zeit ist also a priori gegeben. In ihrallein ist alle Wirklichkeit der Erscheinungen möglich. Diese können insgesammtwegfallen, aber sie selbst (als die allgemeine Bedingung ihrerMöglichkeit) kann nicht aufgehoben werden.

3) Auf diese Nothwendigkeit a priori gründet sich auch die Möglichkeitapodiktischer Grundsätze von den Verhältnissen der Zeit oder Axiomenvon der Zeit überhaupt. Sie hat nur eine Dimension: verschiedene Zeitensind nicht zugleich, sondern nach einander (so wie verschiedene Räumenicht nach einander, sondern zugleich sind). Diese Grundsätze können ausder Erfahrung nicht gezogen werden, denn diese würde weder strengeAllgemeinheit, noch apodiktische Gewißheit geben. Wir würden nur sagenkönnen: so lehrt es die gemeine Wahrnehmung, nicht aber: so muß es sichverhalten. Diese Grundsätze gelten als Regeln, unter denen überhauptErfahrungen möglich sind, und belehren uns vor derselben und nicht durchdieselbe.

4) Die Zeit ist kein discursiver oder, wie man ihn nennt, allgemeinerBegriff, sondern eine reine Form der sinnlichen Anschauung. VerschiedeneZeiten sind nur Theile eben derselben Zeit. Die Vorstellung, die nurdurch einen einzigen Gegenstand gegeben werden kann, ist aber Anschauung.Auch würde sich der Satz, daß verschiedene Zeiten nicht zugleich seinkönnen, aus einem allgemeinen Begriff nicht herleiten lassen. Der Satzist synthetisch und kann aus Begriffen allein nicht entspringen. Er ist alsoin der Anschauung und Vorstellung der Zeit unmittelbar enthalten.

5) Die Unendlichkeit der Zeit bedeutet nichts weiter, als daß allebestimmte Größe der Zeit nur durch Einschränkungen einer einigen zumGrunde liegenden Zeit möglich sei. Daher muß die ursprüngliche VorstellungZeit als uneingeschränkt gegeben sein. Wovon aber die Theileselbst und jede Größe eines Gegenstandes nur durch Einschränkung bestimmtvorgestellt werden können, da muß die ganze Vorstellung nichtdurch Begriffe gegeben sein (denn da gehen die Theilvorstellungen vorher),sondern es muß ihre unmittelbare Anschauung zum Grunde liegen.

a) Die Zeit ist nicht etwas, was für sich selbst bestände, oder denDingen als objective Bestimmung anhinge, mithin übrig bliebe, wennman von allen subjectiven Bedingungen der Anschauung derselben abstrahirt:denn im ersten Fall würde sie etwas sein, was ohne wirklichenGegenstand dennoch wirklich wäre. Was aber das zweite betrifft, so könntesie als eine den Dingen selbst anhängende Bestimmung oder Ordnungnicht vor den Gegenständen als ihre Bedingung vorhergehen und a prioridurch synthetische Sätze erkannt und angeschaut werden. Dieses letzterefindet dagegen sehr wohl statt, wenn die Zeit nichts als die subjective Bedingungist, unter der alle Anschauungen in uns statt finden können.Denn da kann diese Form der innern Anschauung vor den Gegenständen,mithin a priori vorgestellt werden.

b) Die Zeit ist nichts anders, als die Form des innern Sinnes, d. i.des Anschauens unserer selbst und unsers innern Zustandes. Denn dieZeit kann keine Bestimmung äußerer Erscheinungen sein: sie gehört wederzu einer Gestalt oder Lage etc.; dagegen bestimmt sie das Verhältniß derVorstellungen in unserm innern Zustande. Und eben weil diese innreAnschauung keine Gestalt giebt, suchen wir auch diesen Mangel durchAnalogien zu ersetzen und stellen die Zeitfolge durch eine ins unendlichefortgehende Linie vor, in welcher das Mannigfaltige eine Reihe ausmacht,die nur von einer Dimension ist, und schließen aus den Eigenschaftendieser Linie auf alle Eigenschaften der Zeit außer dem einigen,daß die Theile der erstern zugleich, die der letztern aber jederzeit nacheinander sind. Hieraus erhellt auch, daß die Vorstellung der Zeit selbstAnschauung sei, weil alle ihre Verhältnisse sich an einer äußern Anschauungausdrücken lassen.

c) Die Zeit ist die formale Bedingung a priori aller Erscheinungenüberhaupt. Der Raum als die reine Form aller äußeren Anschauung istals Bedingung a priori blos auf äußere Erscheinungen eingeschränkt.Dagegen weil alle Vorstellungen, sie mögen nun äußere Dinge zum Gegenstandehaben oder nicht, doch an sich selbst als Bestimmungen des Gemüthszum innern Zustande gehören; dieser innere Zustand aber unter der formalenBedingung der innern Anschauung, mithin der Zeit gehört: so istdie Zeit eine Bedingung a priori von aller Erscheinung überhaupt undzwar die unmittelbare Bedingung der inneren (unserer Seelen) und ebendadurch mittelbar auch der äußern Erscheinungen. Wenn ich a priorisagen kann: alle äußere Erscheinungen sind im Raume und nach den Verhältnissendes Raumes a priori bestimmt, so kann ich aus dem Principdes innern Sinnes ganz allgemein sagen: alle Erscheinungen überhaupt,d. i. alle Gegenstände der Sinne, sind in der Zeit und stehen nothwendigerWeise in Verhältnissen der Zeit.Wenn wir von unsrer Art, uns selbst innerlich anzuschauen und vermittelstdieser Anschauung auch alle äußere Anschauungen in der Vorstellungskraftzu befassen, abstrahiren und mithin die Gegenstände nehmen,so wie sie an sich selbst sein mögen, so ist die Zeit Nichts. Sie ist nur vonobjectiver Gültigkeit in Ansehung der Erscheinungen, weil dieses schonDinge sind, die wir als Gegenstände unsrer Sinne annehmen; abersie ist nicht mehr objectiv, wenn man von der Sinnlichkeit unsrer Anschauung,mithin derjenigen Vorstellungsart, welche uns eigenthümlichist, abstrahirt und von Dingen überhaupt redet. Die Zeit ist alsolediglich eine subjective Bedingung unserer (menschlichen) Anschauung(welche jederzeit sinnlich ist, d. i. so fern wir von Gegenständen afficirtwerden) und an sich, außer dem Subjecte, nichts. Nichts desto wenigerist sie in Ansehung aller Erscheinungen, mithin auch aller Dinge, die unsin der Erfahrung vorkommen können, nothwendiger Weise objectiv. Wirkönnen nicht sagen: alle Dinge sind in der Zeit, weil bei dem Begriff derDinge überhaupt von aller Art der Anschauung derselben abstrahirt wird,diese aber die eigentliche Bedingung ist, unter der die Zeit in die Vorstellungder Gegenstände gehört. Wird nun die Bedingung zum Begriffehinzugefügt, und es heißt: alle Dinge als Erscheinungen (Gegenständeder sinnlichen Anschauung) sind in der Zeit, so hat der Grundsatz seinegute objective Richtigkeit und Allgemeinheit a priori.Unsere Behauptungen lehren demnach empirische Realität derZeit, d. i. objective Gültigkeit in Ansehung aller Gegenstände, die jemalsunsern Sinnen gegeben werden mögen. Und da unsere Anschauung jederzeitsinnlich ist, so kann uns in der Erfahrung niemals ein Gegenstandgegeben werden, der nicht unter die Bedingung der Zeit gehörte. Dagegenstreiten wir der Zeit allen Anspruch auf absolute Realität, da sienämlich, auch ohne auf die Form unserer sinnlichen Anschauung Rücksichtzu nehmen, schlechthin den Dingen als Bedingung oder Eigenschaft anhinge.Solche Eigenschaften, die den Dingen an sich zukommen, könnenuns durch die Sinne auch niemals gegeben werden. Hierin besteht alsodie transscendentale Idealität der Zeit, nach welcher sie, wenn manvon den subjectiven Bedingungen der sinnlichen Anschauung abstrahirt,gar nichts ist und den Gegenständen an sich selbst (ohne ihr Verhältnißauf unsere Anschauung) weder subsistirend noch inhärirend beigezähltwerden kann. Doch ist diese Idealität eben so wenig wie die des Raumesmit den Subreptionen der Empfindungen in Vergleichung zu stellen,weil man doch dabei von der Erscheinung selbst, der diese Prädicate inhäriren,voraussetzt, daß sie objective Realität habe, die hier gänzlich wegfällt,außer so fern sie blos empirisch ist, d. i. den Gegenstand selbst blosals Erscheinung ansieht: wovon die obige Anmerkung des ersteren Abschnittsnachzusehen ist.

German B-Edition (1787): Von der Zeit — §4, §5 und die Schlüsse (§6)

Die Zeit ist 1) kein empirischer Begriff, der irgend von einer Erfahrungabgezogen worden. Denn das Zugleichsein oder Aufeinanderfolgenwürde selbst nicht in die Wahrnehmung kommen, wenn die Vorstellungder Zeit nicht a priori zum Grunde läge. Nur unter deren Voraussetzungkann man sich vorstellen: daß einiges zu einer und derselben Zeit(zugleich) oder in verschiedenen Zeiten (nach einander) sei.

2) Die Zeit ist eine nothwendige Vorstellung, die allen Anschauungenzum Grunde liegt. Man kann in Ansehung der Erscheinungen überhauptdie Zeit selbst nicht aufheben, ob man zwar ganz wohl die Erscheinungenaus der Zeit wegnehmen kann. Die Zeit ist also a priori gegeben. Inihr allein ist alle Wirklichkeit der Erscheinungen möglich. Diese könneninsgesammt wegfallen, aber sie selbst (als die allgemeine Bedingung ihrerMöglichkeit) kann nicht aufgehoben werden.

3) Auf diese Nothwendigkeit a priori gründet sich auch die Möglichkeitapodiktischer Grundsätze von den Verhältnissen der Zeit oder Axiomenvon der Zeit überhaupt. Sie hat nur Eine Dimension: verschiedene Zeitensind nicht zugleich, sondern nach einander (so wie verschiedene Räumenicht nach einander, sondern zugleich sind). Diese Grundsätze können ausder Erfahrung nicht gezogen werden, denn diese würde weder Strenge Allgemeinheit,noch apodiktische Gewißheit geben. Wir würden nur sagenkönnen: so lehrt es die gemeine Wahrnehmung; nicht aber: so muß es sichverhalten. Diese Grundsätze gelten als Regeln, unter denen überhauptErfahrungen möglich sind, und belehren uns vor derselben und nicht durchdieselbe.

4) Die Zeit ist kein discursiver oder, wie man ihn nennt, allgemeinerBegriff, sondern eine reine Form der sinnlichen Anschauung. VerschiedeneZeiten sind nur Theile eben derselben Zeit. Die Vorstellung, die nurdurch einen einzigen Gegenstand gegeben werden kann, ist aber Anschauung.Auch würde sich der Satz, daß verschiedene Zeiten nicht zugleichsein können, aus einem allgemeinen Begriff nicht herleiten lassen. DerSatz ist synthetisch und kann aus Begriffen allein nicht entspringen. Erist also in der Anschauung und Vorstellung der Zeit unmittelbar enthalten.

5) Die Unendlichkeit der Zeit bedeutet nichts weiter, als daß alle bestimmteGröße der Zeit nur durch Einschränkungen einer einigen zumGrunde liegenden Zeit möglich sei. Daher muß die ursprüngliche VorstellungZeit als uneingeschränkt gegeben sein. Wovon aber die Theileselbst und jede Größe eines Gegenstandes nur durch Einschränkung bestimmtvorgestellt werden können, da muß die ganze Vorstellung nichtdurch Begriffe gegeben sein (denn die enthalten nur Theilvorstellungen),sondern es muß ihnen unmittelbare Anschauung zum Grunde liegen.

Ich kann mich deshalb auf Nr. 3 berufen, wo ich, um kurz zu sein,das, was eigentlich transscendental ist, unter die Artikel der metaphysischenErörterung gesetzt habe. Hier füge ich noch hinzu, daß der Begriffder Veränderung und mit ihm der Begriff der Bewegung (als Veränderungdes Orts) nur durch und in der Zeitvorstellung möglich ist; daß,wenn diese Vorstellung nicht Anschauung (innere) a priori wäre, kein Begriff,welcher es auch sei, die Möglichkeit einer Veränderung, d. i. einerVerbindung contradictorisch entgegengesetzter Prädicate (z. B. das Seinan einem Orte und das Nichtsein eben desselben Dinges an demselbenOrte) in einem und demselben Objecte, begreiflich machen könnte. Nurin der Zeit können beide contradictorisch=entgegengesetzte Bestimmungenin einem Dinge, nämlich nach einander, anzutreffen sein. Also erklärtunser Zeitbegriff die Möglichkeit so vieler synthetischer Erkenntniß a priorials die allgemeine Bewegungslehre, die nicht wenig fruchtbar ist, darlegt.

a) Die Zeit ist nicht etwas, was für sich selbst bestände, oder denDingen als objective Bestimmung anhinge, mithin übrig bliebe, wennman von allen subjectiven Bedingungen der Anschauung derselben abstrahirt:denn im ersten Fall würde sie etwas sein, was ohne wirklichen Gegenstanddennoch wirklich wäre. Was aber das zweite betrifft, so könnte sieals eine den Dingen selbst anhängende Bestimmung oder Ordnung nichtvor den Gegenständen als ihre Bedingung vorhergehen und a priori durchsynthetische Sätze erkannt und angeschaut werden. Dieses letztere findetdagegen sehr wohl statt, wenn die Zeit nichts als die subjective Bedingungist, unter der alle Anschauungen in uns stattfinden können. Denn da kanndiese Form der innern Anschauung vor den Gegenständen, mithin a priorivorgestellt werden.

b) Die Zeit ist nichts anders als die Form des innern Sinnes, d. i.des Anschauens unserer selbst und unseres innern Zustandes. Denn dieZeit kann keine Bestimmung äußerer Erscheinungen sein: sie gehört wederzu einer Gestalt, oder Lage etc.; dagegen bestimmt sie das Verhältniß derVorstellungen in unserm innern Zustande. Und eben weil diese innreAnschauung keine Gestalt giebt, suchen wir auch diesen Mangel durchAnalogien zu ersetzen und stellen die Zeitfolge durch eine ins Unendlichefortgehende Linie vor, in welcher das Mannigfaltige eine Reihe ausmacht,die nur von einer Dimension ist, und schließen aus den Eigenschaften dieserLinie auf alle Eigenschaften der Zeit außer dem einigen, daß dieTheile der erstern zugleich, die der letztern aber jederzeit nach einandersind. Hieraus erhellt auch, daß die Vorstellung der Zeit selbst Anschauungsei, weil alle ihre Verhältnisse sich an einer äußern Anschauung ausdrückenlassen.

c) Die Zeit ist die formale Bedingung a priori aller Erscheinungenüberhaupt. Der Raum als die reine Form aller äußeren Anschauungist als Bedingung a priori bloß auf äußere Erscheinungen eingeschränkt.Dagegen weil alle Vorstellungen, sie mögen nun äußere Dinge zum Gegenstandehaben oder nicht, doch an sich selbst, als Bestimmungen desGemüths, zum innern Zustande gehören; dieser innere Zustand aberunter der formalen Bedingung der innern Anschauung, mithin der Zeitgehört: so ist die Zeit eine Bedingung a priori von aller Erscheinung überhauptund zwar die unmittelbare Bedingung der inneren (unserer Seelen)und eben dadurch mittelbar auch der äußern Erscheinungen. Wenn icha priori sagen kann: alle äußere Erscheinungen sind im Raume und nachden Verhältnissen des Raumes a priori bestimmt, so kann ich aus demPrincip des innern Sinnes ganz allgemein sagen: alle Erscheinungenüberhaupt, d. i. alle Gegenstände der Sinne, sind in der Zeit und stehennothwendiger Weise in Verhältnissen der Zeit.Wenn wir von unsrer Art, uns selbst innerlich anzuschauen und vermittelstdieser Anschauung auch alle äußere Anschauungen in der Vorstellungskraftzu befassen, abstrahiren und mithin die Gegenstände nehmen,so wie sie an sich selbst sein mögen, so ist die Zeit nichts. Sie istnur von objectiver Gültigkeit in Ansehung der Erscheinungen, weil diesesschon Dinge sind, die wir als Gegenstände unsrer Sinne annehmen;aber sie ist nicht mehr objectiv, wenn man von der Sinnlichkeit unsrerAnschauung, mithin derjenigen Vorstellungsart, welche uns eigenthümlichist, abstrahirt und von Dingen überhaupt redet. Die Zeit ist alsolediglich eine subjective Bedingung unserer (menschlichen) Anschauung(welche jederzeit sinnlich ist, d. i. sofern wir von Gegenständen afficirtwerden) und an sich, außer dem Subjecte, nichts. Nichts desto wenigerist sie in Ansehung aller Erscheinungen, mithin auch aller Dinge, die unsin der Erfahrung vorkommen können, nothwendiger Weise objectiv. Wirkönnen nicht sagen: alle Dinge sind in der Zeit, weil bei dem Begriff derDinge überhaupt von aller Art der Anschauung derselben abstrahirt wird,dieser aber die eigentliche Bedingung ist, unter der die Zeit in die Vorstellungder Gegenstände gehört. Wird nun die Bedingung zum Begriffehinzugefügt, und es heißt: alle Dinge als Erscheinungen (Gegenständeder sinnlichen Anschauung) sind in der Zeit, so hat der Grundsatz seinegute objective Richtigkeit und Allgemeinheit a priori.Unsere Behauptungen lehren demnach empirische Realität derZeit, d. i. objective Gültigkeit in Ansehung aller Gegenstände, die jemalsunsern Sinnen gegeben werden mögen. Und da unsere Anschauung jederzeitsinnlich ist, so kann uns in der Erfahrung niemals ein Gegenstandgegeben werden, der nicht unter die Bedingung der Zeit gehörte. Dagegenbestreiten wir der Zeit allen Anspruch auf absolute Realität, da sienämlich, auch ohne auf die Form unserer sinnlichen Anschauung Rücksichtzu nehmen, schlechthin den Dingen als Bedingung oder Eigenschaft anhinge.Solche Eigenschaften, die den Dingen an sich zukommen, könnenuns durch die Sinne auch niemals gegeben werden. Hierin besteht alsodie transscendentale Idealität der Zeit, nach welcher sie, wenn manvon den subjectiven Bedingungen der sinnlichen Anschauung abstrahirt,gar nichts ist und den Gegenständen an sich selbst (ohne ihr Verhältnißauf unsere Anschauung) weder subsistirend noch inhärirend beigezähltwerden kann. Doch ist diese Idealität eben so wenig wie die des Raumesmit den Subreptionen der Empfindungen in Vergleichung zu stellen, weilman doch dabei von der Erscheinung selbst, der diese Prädicate inhäriren,voraussetzt, daß sie objective Realität habe, die hier gänzlich wegfällt,außer sofern sie bloß empirisch ist, d. i. den Gegenstand selbst bloß alsErscheinung ansieht: wovon die obige Anmerkung des ersteren Abschnittsnachzusehen ist.

Español — Perojo (1883): Sección segunda. Del tiempo — §§ 4–6

Traducción de José del Perojo, Madrid, Gaspar, 1883, t. I, págs. 199–204. Transcrito del facsímil (Internet Archive), ortografía de 1883. Dominio público. Notas del traductor omitidas. Fuente

1.° El Tiempo no es un concepto empírico derivado de experiencia alguna, porque la simultaneidad ó la sucesion no serian percibidas si la representacion á priori del Tiempo no les sirviera de fundamento.Sólo bajo esta suposicion podemos representarnos que una cosa sea al mismo tiempo que otra (simultánea), ó en tiempo diferente (sucesiva).

2.° El Tiempo es una representacion necesaria que sirve de base á todas las intuiciones.No se puede suprimir el Tiempo en los fenómenos en general, aunque se puedan separar muy bien estos de él.El Tiempo, pues, está dado á priori.Solo en él es posible toda la realidad de los fenómenos.Estos pueden todos desaparecer; pero el Tiempo mismo (como condicion general de su posibilidad) no puede ser suprimido.

3.° En esta necesidad á priori se funda tambien la posibilidad de los principios apodícticos, de las relaciones ó axiomas del Tiempo en general, tales, como el Tiempo no tiene más que una dimension; los diferentes Tiempos no son simultáneos, sino sucesivos (de igual modo que Espacios diferentes no son sucesivos, sino simultáneos).Estos principios no son deducidos de la experiencia, porque esta no puede dar una estricta universalidad ni una certeza apodíctica.Nosotros solo podriamos decir: así lo enseña la observacion general; pero no: esto debe suceder así.Estos principios valen pues como reglas, que hacen en general posible la experiencia, sin ser esta la que nos muestra la existencia de las reglas, sino que más bien son ellas las que nos proporcionan el conocimiento de la experiencia.

4.° El Tiempo no es ningun concepto discursivo ó, como se dice, general, sino una forma pura de la intuicion sensible.Tiempos diferentes no son más que partes del mismo Tiempo.Mas la representacion que sólo puede darse por un objeto único, es una intuicion.Así la proposicion: Tiempos diferentes no pueden ser simultáneos, no se deriva de un concepto general.Esta es una proposicion sintética que no puede proceder solamente de conceptos.Se halla, pues, contenida inmediatamente en la intuicion y representacion del Tiempo.

5.° La naturaleza infinita del Tiempo significa, que toda cantidad determinada de Tiempo es solamente posible por las limitaciones de un único Tiempo que les sirve de fundamento.Por lo tanto, la representacion primitiva del Tiempo debe ser dada como ilimitada.Pero cuando las partes mismas y cantidades todas de un objeto solo pueden ser representadas y determinadas por medio de una limitacion, de ese objeto no puede entónces la representacion toda ser dada por conceptos (porque estos sólo contienen representaciones parciales), sino que deben tener como fundamento una intuicion inmediata.

Para explicar este punto, puedo citar el núm. 3 precedente, donde, para ser breve, puse lo que propiamente es trascendental, bajo el título de Exposicion metafísica.Aquí solamente añado, que los conceptos de mudanza y de movimiento (como cambio de lugar), sólo son posibles por y en la representacion del Tiempo, y que si esta representacion no fuera una intuicion (interna) á priori, no podria ningun concepto, sea el que quiera, hacer comprensible la posibilidad de una mudanza, es decir, la posibilidad de union de predicados opuestos contradictoriamente en un sólo y mismo objeto (por ejemplo, que una cosa misma esté y no esté en un lugar).Solamente en el Tiempo pueden encontrarse esas dos determinaciones contradictoriamente opuestas en una misma cosa, es decir, sólo en la sucesion.Explica, pues, nuestro concepto de Tiempo, la posibilidad de tantos conocimientos sintéticos á priori como expone la ciencia general del movimiento, que no es poco fecunda.

(a) El Tiempo no subsiste por sí mismo, ni pertenece á las cosas como determinacion objetiva que permanezca en la cosa misma, una vez abstraidas todas las condiciones subjetivas de su intuicion.En el primer caso, el Tiempo, sin objeto real, seria sin embargo algo real; en el segundo, siendo una determinacion de las cosas mismas ó un órden establecido, no podria preceder á los objetos como su condicion, ni ser conocido y percibido á priori por proposiciones sintéticas.Pero esto último tiene lugar si el Tiempo no es más que la condicion subjetiva bajo la cual son posibles en nosotros las intuiciones; porque entónces esta forma de la intuicion interna puede ser representada ántes que los objetos, y, por consiguiente, á priori.

(b) El Tiempo es la forma del sentido interno, es decir, de la intuicion de nosotros mismos y de nuestro estado interior.El Tiempo no puede ser determinacion alguna de los fenómenos externos, no pertenece ni á la figura, situacion, etc., sino que determina la relacion de las representaciones en nuestros estados internos.Y como esta intuicion interior no tiene figura alguna, procuramos suplir esta falta por analogía y nos representamos la sucesion del Tiempo con una línea prolongable hasta lo infinito, cuyas diversas partes constituyen una série que es de una sola dimension, y derivamos de las propiedades de esta línea todas las del Tiempo, exceptuando sólo una, á saber: que las partes de las líneas son simultáneas, mientras que las del Tiempo son siempre sucesivas.De donde se deduce tambien que la representacion del Tiempo es una intuicion, porque todas sus relaciones pueden ser expresadas por una intuicion exterior.

(c) El Tiempo es la condicion formal á priori de todos los fenómenos en general.El Espacio, como forma pura de todas las intuiciones externas, solo sirve, como condicion á priori, para los fenómenos exteriores.Por el contrario, como que todas las representaciones, tengan ó no por objeto cosas exteriores, pertenecen, sin embargo, por sí mismas, como determinaciones del espíritu, á un estado interno, y puesto que este estado, bajo la condicion formal de la intuicion interna, pertenece al Tiempo, es el Tiempo una condicion á priori de todos los fenómenos en general; es la condicion inmediata de nuestros fenómenos interiores (de nuestra alma) y la condicion mediata de los fenómenos externos.Si puedo decir á priori: todos los fenómenos exteriores están en el Espacio y son determinados á priori segun las relaciones del Espacio, puedo afirmar tambien en un sentido ámplio y partiendo del principio del sentido interno: todos los fenómenos en general, es decir, todos los objetos de los sentidos están en el Tiempo, y están necesariamente sujetos á las relaciones del Tiempo.El Tiempo es un pensamiento vacío (nada) si hacemos abstraccion de nuestra manera de intuicion interna, del modo como comprendemos todas las intuiciones exteriores en nuestra facultad de representar (mediante esa intuicion), y tomamos, por consiguiente, los objetos tales como pueden ser en sí mismos.El Tiempo tiene un valor objetivo solamente en relacion á los fenómenos, porque éstos son cosas que consideramos como objetos de nuestros sentidos; pero deja de tener este valor objetivo cuando se hace abstraccion de la sensibilidad de nuestra intuicion (por consiguiente, de esta especie de representacion que nos es propia), y cuando se habla de cosas en general.El Tiempo, que es únicamente una condicion subjetiva de nuestra intuicion humana (siempre sensible, es decir, en tanto que somos afectados por objetos), considerado en sí mismo y fuera del sujeto, no es nada.Es, sin embargo, necesariamente objetivo en relacion á todos los fenómenos, y por consiguiente, tambien á todas las cosas que puede ofrecernos la Experiencia.No podemos decir: todas las cosas existen en el Tiempo, porque en el concepto de cosas en general, se hace abstraccion de toda manera de intuicion de esas cosas y siendo esta propiamente la condicion por la cual el Tiempo pertenece á la representacion de los objetos.Mas si esta condicion se añade al concepto y se dice: todas las cosas, como fenómenos (objetos de la intuicion sensible), existen en el Tiempo, entónces tiene ese principio su exacto valor objetivo y su universalidad á priori.Nuestras afirmaciones muestran la realidad empírica del Tiempo, es decir, su valor objetivo respecto á todos los objetos que puedan ofrecerse á nuestros sentidos.Y como nuestra intuicion es siempre sensible, no puede nunca ofrecerse á nosotros un objeto en la experiencia, sin caer bajo las condiciones del Tiempo.Combatimos, por tanto, toda pretension de realidad absoluta del Tiempo, á saber: la que le considera, sin atender á la forma de nuestra intuicion sensible, como absolutamente inherente á las cosas, es decir, como condicion ó propiedad.Tales propiedades que pertenecen á las cosas en sí, no pueden nunca ser proporcionadas mediante los sentidos.En esto consiste, pues, la idealidad trascendental del Tiempo, segun la que, si se abstraen las condiciones subjetivas de la intuicion sensible, no es absolutamente nada, no pudiendo ser contado tampoco entre las cosas en sí mismas (independientes de toda relacion con nuestra intuicion), ni como subsistiendo en ellas, ni como inherentes á ellas.Sin embargo, esta idealidad, lo mismo que la del Espacio, no debe ser comparada á las subrepciones de las sensaciones, porque aquí se supone que el fenómeno mismo á quien se unen estos atributos, tiene una realidad objetiva; realidad que falta completamente aquí, á no ser que se considere sólo empíricamente, es decir, en tanto que sólo se estime al objeto como fenómeno.Véase para esto la observacion de la seccion primera.